Que tu corazón no se incline a idolos

Que su Corazón no se Incline a los Ídolos (aunque su Cuerpo Tenga que Hacerlo)

Probablemente usted ha escuchado esta historia antes. Quizás muchas veces.

En su tiempo, Naamán era capitán del ejército de Siria. Y tenía un “pequeño” problema llamado lepra.

No obstante, por sugerencia de la sierva de su esposa (que era israelita), Naamán acudió al profeta Elishá (Eliseo) con todo tipo de regalos, con el propósito de solicitar que el profeta intercediera por él ante Yahweh para ser sanado de su lepra.

Elishá accedió a su pedido, y le dio unas instrucciones muy específicas: debía lavarse 7 veces en el río Yardén (Jordán). Si hacía esto, sería sanado.

Al principio Naamán, dominado por su orgullo, se negó a hacerlo. Pero luego de ser persuadido por sus siervos, accedió a seguir las instrucciones del profeta. Por consiguiente, fue sanado de su lepra.

Si lo desea, puede leer la historia completa en 2 Reyes 5; esto es solo un resumen de la misma. Es una historia que nos enseña, entre otras cosas, la importancia de la obediencia al Altísimo.

No obstante, quisiera enfocar esta reflexión en un evento que aconteció luego de que Naamán recibiera sanidad. Verá, al recibir sanidad, Naamán regresó a donde estaba el profeta Elishá, e insistió en ofrecerle regalos por haber intercedido por su sanidad. Pero Elisha rechazó los mismos.

Justo después, Naamán le dice lo siguiente:

“…que Yahweh le perdone esto a tu siervo: Cuando mi amo entre en el templo de Rimón para postrarse en adoración allí y él se apoye en mi brazo de modo que yo me tenga que inclinar en el templo de Rimón, cuando yo tenga que inclinarme en el templo de Rimón, que Yahweh perdone a tu siervo en esto’. Y le dijo: ‘Vete en paz’”

Sobre estas palabras de Naamán, y la respuesta del profeta, es que quiero enfocar esta reflexión.

Con frecuencia, una de las inquietudes que tienen los creyentes que comienzan a abrazar las raíces hebreas de la fe (o, como algunos le llaman, las raíces “hebreas del cristianismo”, aunque para mí esa frase encierra una gran contradicción…) es el asunto de la observancia de la Torah en medio de las situaciones cotidianas que enfrentan. Por ejemplo, una inquietud que encuentro con frecuencia es la siguiente:

“¿Cómo puedo guardar el shabat u observar las fiestas, si mi trabajo secular me exige que trabaje los sábados y días sagrados?”

Lo triste del caso es que muchos líderes “espirituales” infunden un sentimiento de culpa en los nuevos creyentes, haciéndoles creer que están mal por no poder cumplir con la Torah debido a este tipo de situaciones. Algunos incluso llegan a sugerir que la persona debe dejar su trabajo para observar la Torah.

Cuando se acercan a mí para traer esta preocupación, usualmente les refiero a esta inquietud que trajo Naamán ante Elishá, y la respuesta del profeta. Al analizar su respuesta, es importante tomar en cuenta el contexto de sus palabras.

Preste atención a la declaración que hizo Naamán momentos antes de traer esta inquietud:

“…¡Mira, yo reconozco que no hay Elohim en toda la tierra, sino en Yisrael!…”2 Reyes 5:15 (VIN2015)
“…porque tu siervo nunca más presentará ofrenda quemada ni sacrificio a otras deidades sino solo a Yahweh.”2 Reyes 5:17 (VIN2015)

Por sus palabras, es evidente que la experiencia lo convenció de que Yahweh es el único ser soberano sobre toda la Tierra. De modo que su corazón ya no estaba inclinado a otros ídolos; de ahora en adelante Yahweh sería el único soberano de su vida.

Luego de hacer estas declaraciones, Naamán expone la inquietud que encontramos en 2 Reyes 5:18. Aunque él había reconocido en su corazón que Yahweh es el único soberano, su trabajo le requería que ayudara su “jefe” a inclinarse a ofrecer sacrificios a otros ídolos. Me imagino que era una situación muy incómoda para Naamán, y se debía sentir culpable en su corazón por hacerlo. Por eso decidió traer esta inquietud ante Elishá.

¿Y qué le dijo Elishá? ¿Le dijo que estaba mal lo que hacía y que desistiera de esa práctica inmediatamente? ¿Le dijo que tenía que buscarse otro trabajo, o de lo contrario estaría en desobediencia a la Torah?

No. Su respuesta fue muy breve, pero concisa y apropiada:

“Vete en paz.”

Elishá había visto el cambio de actitud en Naamán, y su deseo ferviente de servir a Yahweh con todo su corazón. Él sabía que, aunque su cuerpo se tuviese que inclinar por cumplir con su obligación, su corazón permanecería de pie, y solo se inclinaría ante Yahweh el Elohim (Poderoso) de Israel.

Quizás hoy los jefes en nuestros trabajos no necesitan que los ayudemos a inclinarse ante una estatua. Bueno, al menos no literalmente. Pero estoy seguro que muchos de nosotros nos vemos obligados a “inclinar” nuestro cuerpo (en sentido figurado) bajo ciertas situaciones, tal como tuvo que hacer Naamán, para cumplir con nuestras obligaciones seculares.

Le voy a compartir mi experiencia. Soy profesor de música en una escuela de mi país. Parte de mis deberes como profesor es presentar a mis estudiantes de música en diversos conciertos a través del año. Y eso incluye uno de los eventos mas concurridos de nuestra escuela: la serie de conciertos de Navidad.

Ahora, para evitar desviar el tema no voy a entrar en detalles respecto a las razones por las cuales entiendo que un creyente no debe celebrar la Navidad. Eso ya lo he explicado en diversos escritos y una reflexión que escribí sobre ese tema.

El asunto es que, como parte de mis funciones, es mi deber cumplir con ese requisito. Tengo que preparar la música a presentar, ensayar con mis estudiantes (por varios meses antes, por cierto) y presentarlos en el concierto. Incluso, si surge alguna invitación a participar en otras actividades navideñas, es mi deber ir con ellos.

Ahora imagínese usted. Yo, colaborador en este portal de información sobre las raíces hebreas, quien no apoya ni celebra la Navidad en su carácter personal…¡participando de conciertos navideños!

En un momento dado tuve la misma inquietud que Naamán (y que muchos creyentes nuevos). ¿Estaré haciendo bien? ¿Tendré que dejar mi trabajo, con el cual traigo sustento a mi familia, para cumplir con la Torah?

Pero al encontrarme con este pasaje de la Escritura, estudiar la situación de Naamán, y ver la respuesta de Elishá, tuve paz. Entendí que, aunque mi cuerpo tenga que inclinarse (de manera figurada) a ídolos por obligación, lo mas importante es que mi corazón no se incline.

Y eso procuro. Como trabajador y líder de mi familia responsable cumplo con mis obligaciones y deberes. Pero en mi carácter personal, mi corazón solo se inclina ante Yahweh.

Y por supuesto: si va a mi casa no va a encontrar ni un arbolito o guirnalda de Navidad. Ni va a escuchar villancicos o aguinaldos navideños.

Si usted está en una situación similar, en la que se ve obligado a inclinarse a “ídolos”, tenga paz. Siga el ejemplo de Naamán, y procure que su corazón no se incline a ellos.

Si tiene una familia que depende del ingreso que usted trae a su hogar, no cometa el error de renunciar a su trabajo simplemente porque no puede observar ciertos mandamientos. Eso sería irresponsable de su parte. Recuerde que la misma Torah que nos manda a observar el shabat y las santas convocaciones también nos instruye a ser responsables con nuestra familia. Estoy seguro que el Altísimo entiende su situación y le mostrará misericordia, al igual que lo hizo con Naamán.

Para ir finalizando este pensamiento, quiero dejar algo muy claro y evitar malos entendidos. Por favor, no vaya ahora a decir que Ángel de Raíces Hebreas de la Fe dijo que no es incorecto celebrar Navidad o trabajar en shabat. Ese no es el mensaje que quiero traer con esta reflexión.

De hecho, si usted tiene la opción u oportunidad de observar los mandamientos, y no lo hace por conveniencia, eso está mal. No vaya a utilizar esta reflexión para justificar sus malas acciones. Yahweh, mejor que nadie, conoce las intenciones de su corazón.

Mi objetivo con esta reflexión es que, si usted está en una situación similar a la de Naamán (o la mía), tenga paz. No se sienta culpable si debido a sus responsabilidades o situaciones personales tenga que “inclinarse a ídolos”, como Naamán tuvo que hacerlo.

Ya vendrán tiempos mejores; tiempos en los cuales veremos la restauración de la fe bíblica original a través de reinado del Mesías Yahoshúa. Mientras tanto, aunque su cuerpo se tenga que inclinar, procure que su corazón permanezca de pie, y que solo se incline ante Yahweh.

Ángel Candelaria

Anciano y coordinador técnico en el área de informática de AYIN. Autor del libro ¿Fiestas Judías... o Fiestas de Yahweh? Profesor de música, guitarrista y director musical de AvdeYah.
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