Arrepentimiento. Parte 1

Por. José Iturralde Arce

Son diversos los términos usados en las Sagradas Escrituras para definir qué es el pecado, la iniquidad, la maldad, etc.

Es importante la definición bíblica de pecado, palabra que en griego es anomia y significa iniquidad, sin ley.

Todo aquel que comete pecado, también infringe la ley; pues el pecado es infracción de la ley.[1]

¿Qué Es El Pecado?

Por tanto, el pecado es el desorden y el de rechazo de la Toráh, es decir, no aceptar cumplir con la voluntad de Elohim que son sus mandamientos, sus ordenanzas y sus estatutos, contenidos todos ellos como instrucción en la llamada ley.

Es desafortunada la traducción de la mayor parte de las versiones castellanas que hacen del pasaje anterior.

Solo uno o dos traduce que el pecado es verdadera ilegalidad, una infracción.

Entonces, el pecado no es la mera infracción de la ley, sino que implica el rechazo a la voluntad divina de nuestro Creador.

Pecado es la disposición mental del ser humano a hacer su propia voluntad, ignorando deliberadamente o no la Toráh de Elohim.

El Origen Del Pecado En El Hombre

En el principio el hombre no fue creado en pecado, ni estaba el pecado en él.

Y, sin embargo, al ser probado por el najash, desobedeció para seguir su propia voluntad, trayendo el pecado y la muerte al mundo.

Echó al hombre y puso al oriente del jardín de Edén los querubines y la llameante espada giratoria, para cerrar el camino al árbol de la vida.[2]

Adám al tomar su propia decisión en contra de la ordenanza divina, adquirió esa inclinación a hacer lo que mejor le parece y que en general casi siempre es contraria a Elohim.

Por lo tanto, se le cerró el acceso a la vida y trayendo la muerte al mundo, es decir, a su descendencia.

Al entrar el pecado al mundo entonces esa inclinación carnal a seguir el criterio propio sin considerar la instrucción divina pasó a todos los hombres.

Como se dice de la generación en los días de Nóaj como el pecado ocasionó y provocó la muerte de todos los hombres por medio del diluvio, provocando decepción en nuestro Creador, como dicen las Escrituras: 

Yahweh vio cuán grande era la maldad del hombre sobre la tierra y cómo todo plan ideado por su mente no era sino perverso todo el tiempo… Yahweh dijo: “Borraré de la tierra a los hombres que he creado…[3]

Un Legado Que Perduró Hasta La Ley

Desde Adam a Moshéh los hombres no pecaron a la manera de la transgresión de Adam, pero si pecaron y murieron por ello: 

Por eso la muerte reinó desde Adam hasta Moshéh, aún en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adam, el cual es figura del que habría de venir.[4]

Que los hombres no hayan pecado a la manera en que Adám transgredió no los exime de pecado; simplemente que ninguno pecó de la misma manera porque a ninguno de ellos se le dio la misma instrucción o mandamiento que Adám.

Más bien todos estamos acusados de pecadores y trasgresores, juntamente con Adám.

Todos los seres humanos por ser hijos de Adám tenemos una naturaleza pecaminosa, por cuanto desobedecemos y nos inclinamos a hacer lo malo como nuestro padre Adam.

Esta situación duró hasta la promulgación de la Toráh que hace evidente la pecaminosidad del pecado.

Porque la ley produce reprobación; mientras que, si no es por ley, no se toma en cuenta la transgresión. No obstante, se dice que “los que sin ley han pecado sin ley también perecerán”[5]

Pues no hay distinción de personas delante de Elohim: todos los que pecaron sin tener ley, sin intervención de la ley también perecerán; y todos los que pecaron teniendo la ley, por la ley serán juzgados. Porque los que sólo oyen la ley no son justos delante de Elohim; los que cumplen la ley son los que serán justificados.[6]

Pero la Toráh también trae la esperanza de la redención y la salvación.

Los pecados de un creyente son perdonados por un solo sacrificio, el de nuestro maestro Yahoshúa, con su muerte en el madero.

Por ello es que Yahoshúa ha sido proclamado, el “Cordero de Yahweh” para quitar el pecado del mundo.

Y al que se le perdonan sus pecados nunca más van a ser recordados, por nuestro Padre Yahweh.

Y ÉL mismo por medio de su santo espíritu ha hecho conciencia en nuestras mentes, del valor de semejante perdón. 

El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Elohim no tiene la vida.[7]

Siguiendo La Inclinación Espiritual

El hombre puede ir en contra de la inclinación carnal para seguir la espiritual, seguir el camino de Elohim.

Miremos por ejemplo a Iyov, contemporáneo de los patriarcas, que antes de que Yahweh diera la Toráh a su pueblo, tenía conciencia de lo que era correcto y de lo incorrecto como falta ante su Hacedor.

Por ello se dice de él: “era intachable y recto respetaba a Elohim y se apartaba del mal” sido muy bendecido en todo como está escrito: 

“Aquel hombre era más rico que cualquiera en el Oriente” 

Él presentaba ofrendas quemadas temprano por la mañana, por cada uno de sus hijos y pensaba: 

“Tal vez mis hijos han pecado y han blasfemado a Elohim en sus pensamientos”

Y Iyov pensando en la brevedad de la vida, comenta:

¿Quién puede sacar algo limpio de lo inmundo? Nadie.[8]

Solo el arrepentimiento genuino y la misericordia de Elohim lo puede restaurar, por medio de la sangre del Cordero de Elohim.


[1] 1ª Jn.3:4

[2] Gn.3:24

[3] Gn.6:5 y 7a.

[4] Ro.5:14

[5] Ro.4:15

[6] Ro.2:11

[7] Ro.5:12

[8] Iyov 14:4

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1 comentario en «Arrepentimiento. Parte 1»

  1. Pepe, gracias a Yahweh Avinu, por tu vida y tu esfuerzo, bshem Yahoshúa ha Mashíaj, amen
    te quiero, tu esposa Esther
    Gracias Roeh Carlos por ayudarnos, a hacerlo cada día mejor, Bendiciones!!

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