Camino a Shavuot

Por: Marco Gabriel Martorelli

Aprovecho que muchos hermanos se han incorporado a la asamblea en estas últimas semanas, para reflexionar acerca de lo que estamos transitando hacia una festividad tan importante como es Shavuot.

No me olvido que cuando salí de la cristiandad y comencé a desear guardar las fiestas, por temor y por amor al Creador leía una y otra vez cómo llevar la cuenta para no quedarme fuera de ninguna convocación y me fijaba qué me pedía el Padre que hiciera.

Dentro de lo que podemos llamar “su calendario” o, mejor dicho, los tiempos señalados de Yahwéh, el primero que nuestro Creador nos ordenó respetar es el shabat. Los otros 7 se corresponden a un día específico:

 Pésaj está llamado a conmemorarse entre las dos tardes del día 14 del primer mes, Aviv. El día 15 se comerán panes sin levadura por 7 días: Matsot y dentro de esta moed, el día siguiente al shabat es una ocasión especial, Bikurím.

Durante el séptimo mes serán tres moedím:  el día primero será Yom Teruáh o el día de las trompetas; luego el día 10 será Yom Kipur o el día de la expiación y Sukot o cabañas el día 15 que nos convoca por 7 días y quedarnos un día más como ocasión sagrada, o sea que son 8 días de tarde en tarde. Como pueden notar falta señalar una convocación: Shavuot.

Particularmente Shavuot, que quiere decir semanas no tiene un día señalado dentro del mes como las demás citas o un día puntual como el shabat. Para llegar a Shavuot y no quedarnos fuera debemos realizar un conteo y para hacerlo debemos prestar atención a las primicias de la cebada que se corresponden con la resurrección de nuestro Mashíaj, ya que a partir de aquí es cuando deberemos empezar a contar las semanas para Shavuot.

Cada convocación santa, qadosh, como ustedes saben, tienen actualmente, connotación de memorial.

Todos conocen   las actividades que se despliegan para la celebración de Pésaj con un séder que puede variar, pero donde están presentes las hierbas amargas, la copa de vino entre otras cosas y el comer matsot.

 Sukot es una fiesta en la que buscamos convivir con otros hermanos y aunque en la dispersión no es una obligación, muchos hasta montan una sukáh dentro o fuera de sus casas para reunirse allí en esos días.

Yom Kipur nos remite al ayuno y Yom Teruáh al sonido del shofar. Cada elemento tiene su significado espiritual relacionándose a un cumplimiento profético con el Mashíaj.  Pero … ¿y Shavuot?

He organizado mi reflexión desde este punto de vista: ¿qué sentido tendría para ese pueblo que salió de Mitsráyim, que fue liberado de la esclavitud, si no hubiera tenido una instrucción y un rumbo?

Seguramente ya ante el primer inconveniente su salida se hubiese frustrado y el pueblo se hubiese separado, unos para aquí, otros para allá, cada grupo según su propia dirección. Pero sabemos que para poder salir debieron recibir la instrucción de Elohim por boca de Mosheh, y una vez cruzado el mar, en el desierto de Shur dice en Shemot: “Allí les puso una norma fija y allí los puso a prueba. Dijo: Si ustedes oyen diligentemente a Yahwéh su Elohim, haciendo lo que es recto a su vista, prestando oído a sus mandamientos y observando todas sus leyes, entonces no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los mitsritas, porque yo Yahwéh soy su sanador.”[1]

Desde la salida a su peregrinar, el Creador fue entregando instrucciones a su pueblo: el Pésaj, los panes sin levadura, el shabat.

Imaginen a una persona encarcelada desde la juventud y que al cumplir 75 años lo dejan en libertad: ¡Anda!¡Puedes salir!, le dice el carcelero.

 ¿Y a dónde iré? diría ese hombre. Ese hombre que sale a libertad luego de toda una vida en prisión, no sabe dónde ir, no sabe qué hacer con su libertad. Ustedes sabrán, que personas encarceladas durante más de la mitad de su vida, al salir de prisión reinciden para volver a estar donde estuvieron toda su vida: la cárcel. El pueblo necesitó confiar en su Redentor, necesitó saber que iba a ser acompañado y guiado hasta una tierra que el mismo Libertador les entregaría.

Las instrucciones serían indispensables para que puedan triunfar en ese desierto; no seguirlas los llevaba a la muerte y para obtener la tierra que les sería dada, no sería cuestión sencilla: deberían luchar cuerpo a cuerpo por ella.

En el segundo capítulo de Hechos se nos narra que al llegar la fiesta de Shavuot los once enviados estaban reunidos orando unánimes cumpliendo las instrucciones que el Mashíaj les había dado, cuando les dijo que esperen en Yerushaláyim.

Ellos estaban allí desde Pésaj, donde habían cenado con el maestro, donde lo habían visto morir en sacrificio y donde luego de tres días y tres noches se les apareció vivificado y compartieron con él durante cuarenta días. Luego se quedaron solos y no entendían todavía qué hacer, pero tenían instrucciones: esperen les había dicho Yahoshúa y les había dado una promesa:

“Pero recibirán poder cuando haya venido sobre ustedes el espíritu de santidad, y me serán testigos en Yerushaláyim, en toda Yahudáh, en Shomrón y hasta lo último de la tierra”.[2] Tuvieron una instrucción y un destino.

¿Qué hubiera sucedido si aquel día de Shavuot no hubieran cumplido sus instrucciones? ¿Qué hubiera sido de nosotros hoy?

Nosotros hemos sido libertados por el sacrificio del cordero espiritual, somos libres de nuestros pecados por su sangre y al igual que ese preso que es libertado luego de toda una vida en oscuridad, vemos la luz y ¿qué hacemos ahora? ¿a dónde vamos?  ¡Pero no hay de qué preocuparse todo está bajo la autoridad del Padre y sus planes son perfectos!

La promesa dada por el Mashíaj se cumplió en aquellos que presenciaron y creyeron junto con los once y se sigue cumpliendo hoy cada vez que cada uno de los escogidos se entrega a ser limpio por el sacrificio de Mashíaj.

Para poder entrar a esa tierra prometida que es la vida eterna, al igual que aquellos primeros yisraelitas que salieron al desierto, tenemos que pelear incansablemente.

Aquella vez fue literal y hoy la pelea es con uno mismo, con nuestras propias concupiscencias. Para esta lucha nos hace falta que la Rúaj haqódesh venga a cada uno de nosotros, que seamos vivificados, como plantas sedientas a las que se les riega, nacer de nuevo con sus instrucciones grabadas en nuestros corazones y nuestras mentes para no perdernos y dándonos fuerzas para luchar cuerpo a cuerpo por esa tierra prometida. El camino de salvación que inició el Mashíaj con su resurrección en Bikurím, las primicias de cebada, se continúa hasta Shavuot con la manifestación de la Rúaj.

Dentro del plan de salvación de nuestro Creador, en Shavuot se cumplió ese tiempo en el que el pacto sería renovado con la Toráh en nuestros corazones, pero también en aquel Shavuot el Mashíaj que estuvo oculto fue anunciado desde las azoteas cuando Kefa dio su discurso, como se relata en Hechos. Esto conmemoramos en Shavuot.

El conteo es una instrucción dada por nuestro Creador para llegar a Shavuot. Es un tiempo de preparación para que nos encuentre caminando a la meta,  planteándonos  seguir creciendo, permitiendo  que su rúaj nos moldee de adentro hacia afuera para dar fruto, para que a través del Mashíaj,  seamos finalmente esa ofrenda de trigo que se eleve a lo alto y podamos estar en su presencia y como dice el salmista: Enséñanos a contar nuestros días de modo que alcance el corazón sabiduría[3]


[1] Shemot – Éxodo 15:26

[2] Maaseh – Hechos 1:8

[3] Tehilim – Salmos 90:12

Colaboradores
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4 comentarios en «Camino a Shavuot»

  1. Shalom mi querido More excelente reflexion para la proxima fiesta que se hacerca, que el Padre lo bendiga…

  2. Shalom amigos que clara enseñanza de este estudio,sabiendo y esperando que la venida de MASHIAJ esta cada dia mas cerca
    En Shalom

Los comentarios están cerrados.

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