Condenando Al Hermano

Por. Marcos Martorelli

Quiero compartirles hermanos, una reflexión a partir de la historia que nos relata el enviado Yojanán conocida por todos como la mujer adúltera[1].

Este acontecimiento, según nos aclara el Moreh Yosef en la VIN, no aparece en los manuscritos griegos del siglo 4 pero sí en la Peshita del siglo 2.

La cuestión es que esta historia llegó hasta nosotros y es por todos conocida.

El apóstol Yojanán relata el incidente cuando los maestros de torá y los perushim trajeron a una mujer sorprendida en adulterio y pidieron a nuestro Mashíaj que diera su parecer respecto a si darle muerte o no apedreándola por su pecado.

Mientras uno se va perfeccionando en este peregrinar descubre condiciones personales que, gracias a las misericordias del Abba salen a luz; y una esas cosas es la costumbre, al menos así me suele suceder, que en cuanto alguien me ofende, o realiza un acto con el que no concuerdo, rápidamente puedo juzgar y hasta condenar.

Uno se cree con derecho a hacerlo porque está en desacuerdo con el obrar de la otra persona, y puede ser que tenga razón, que lo que hizo la otra persona no sea correcto.

Puede ser también que uno no juzgue en voz alta, que no lo diga, pero que lo piense y que entonces estos pensamientos permanezcan ocultos a los ojos de quien me ofendió, o de aquel que considero no hizo lo correcto, pero nosotros sabemos que estos pensamientos no están ocultos para el Abba.

Cuando nos condenamos unos a otros en silencio, imponemos una pena sobre los demás; sin tener en cuenta que esto solo puede hacerlo quien esté libre de pecado, como enseña el Mashíaj en esta historia.

Puede también suceder que guardemos dentro nuestro la ofensa o el error cometido y decir al hermano: no fue nada, todo bien, quédate tranquilo, pero esta puede ser también una forma sutil de juzgarle.

En esa historia de la mujer adúltera el Mashíaj dice: El que de ustedes esté sin pecado, sea el primero en tirar la piedra contra ella.

Nosotros estamos de acuerdo con el proceder que tuvo nuestro Mashíaj respecto a esta mujer librándola de la muerte, claro, estamos de acuerdo con él, pero ¿qué sucedería si esta mujer es la propia? 

¿Quiénes somos nosotros para juzgar …y peor aún, ¿quiénes somos nosotros para condenar?

Bueno, podremos decir que somos los damnificados. Yo soy el damnificado pues tal persona me hizo daño y yo me encuentro muy ofendido.

Pero… ¿quién nos puso por juez?  Bueno, a veces, nos pone por juez el propio dolor, como yo estoy muy lastimado juzgo y condeno.

Pero nuestro Mashíaj Yahoshúa nos permitió reconocernos como pecador y como tal no estoy en condiciones de juzgar a otro pecador.

Más adelante, en esta historia, el Mashíaj le pregunta a la mujer: ¿Dónde están ellos? ¿Nadie te ha condenado?

Y ella dijo: Nadie, Adón.

Y Yahoshúa le dijo: Ni yo te condeno. Ahora vete y no peques más.

Yahoshúa, nuestro Mashíaj, ¿vino a condenarnos o a rescatarnos? ¿Vino a que paguemos o a pagar?,

Entonces, ¿qué hacemos nosotros haciéndole pagar al hermano el pecado que cometió contra nosotros? ¿Qué hacemos nosotros no ayudando al hermano en su restauración?

Razonemos juntos.

Nosotros que seguimos al Mesías, no andamos en tinieblas.

Y cuando hacemos estas cosas, hermanos, es que la Rúaj nos dice: ojo, acá hay tinieblas así que ¡vamos! ¡ponte en marcha por el mejor camino!

Y entonces, si uno se pone en marcha, las tinieblas quedan atrás.

Porque el Shaliaj Shaúl nos dice que el camino más excelente es el amor, así que hay que ponerse en marcha por este camino.

Nuestro roeh Carlos nos enseñó en uno de los estudios del libro de Mateo; que, en lugar de centrar el foco en el ofensor, como habitualmente haríamos, tenemos que poner el centro de atención en nosotros como el ofendido.

Si nos centramos en el ofensor uno está pensando en el pecador y el pecado que hizo.

Pero lo que nos enseña el Mesías no tiene que ver con el ofensor sino con el perdón y la reconciliación, que son la expresión máxima del amor del Padre celestial.

Se trata del amor que el Padre tiene para cada uno de nosotros.

Lo que está diciendo el Mesías se encuentra en Levítico: “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.” [2]

En la concordancia Strong, la palabra RAZONARAS (H3198) proviene de la raíz primaria יָכַח yaJákj, que se traduce como: tener razón; alegar; razonar recíprocamente.

Se utiliza este verbo, por ejemplo, en Isa 1:18:

“Y vengan ahora,” dice YAHWEH:

Razonemos esto juntos.

Aunque sus pecados sean como escarlata,

Yo los haré blancos como la nieve;

aunque sean rojos como el carmesí,

serán blancos como lana.”

Razonemos juntos hermanos, porque si hay algo que tanto la mujer como el hombre merecemos, es la muerte, como decía nuestro querido moreh Jizki.

Yahoshúa vino a nosotros para restaurarnos no para condenarnos, aún a aquel que es sorprendido en el acto mismo del pecado.

Considerarnos a nosotros mismos.

Como el apóstol Shaúl enseña : “Hermanos, en caso de que alguien se encuentre enredado en alguna transgresión, ustedes que son espirituales, restauren al tal con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.”[3]

Y otra versión dice:Hermanos, supongan que alguno es sorprendido haciendo algo malo. Ustedes que tienen la Rúaj le deben amonestar, pero en una rúaj de humildad, y cada uno tenga mucho cuidado, para que no sean tentados ustedes también.

¿Considerarnos a nosotros mismos qué quiere decir?

Que recordemos que cuando somos nosotros quienes nos equivocamos, cuando somos nosotros quienes volvemos a fallar, entonces nos acercamos al Abba y le clamamos, rogándole que siga siendo paciente y misericordioso con nosotros.

No olvidemos a Kefá, Pedro, cuando asegura al Mashíaj “Maestro, estoy listo para ir contigo aun a la cárcel y a la muerte”

Pero él le dijo: Kefá, te digo que el gallo no cantará hoy antes de que tú me hayas negado tres veces que me conoces”[4]

Por esto, también nos dice el enviado Pablo “el que piensa que está firme mire que no caiga”.[5]

Que la Rúaj haqódesh nos siga guiando en este camino de perfección.

Yahwéh los bendiga en el nombre del Mashíaj.


[1] Yojanán 7:53 a 8:11

[2] Levítico 19:17-19

[3] Gálatas 6:1

[4] Lucas 22:33

[5] 1Corintios 10:12

Colaboradores
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2 comentarios en «Condenando Al Hermano»

  1. Shalom. Gracias hermano por sus palabras tan edificantes. Un abrazo desde Cuba.
    Yahwéh le bendiga inmensamente

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