DESEOSOS DE IR A SU FIESTA

Por: Marco Martorelli

Quiero compartirles que desde aquella primera vez que festejamos Pésaj con mi mujer, no podemos dejar de estar atentos a la señal en la luna que nos va a indicar que comienza el primer mes, Aviv.

Nuestro corazón se prepara gozoso para llegar a su fiesta, a la fiesta de Yahwéh. Es importante que sepamos que no es nuestra fiesta, sino Su fiesta, “Yahwéh le habló a Mosheh diciendo: háblale al pueblo yisraelita y dile: estos son mis tiempos señalados, los tiempos señalados de Yahwéh, que deberán proclamar como ocasiones sagradas”. Nuestra vida también comienza cuando estando en pleno Mitsráyim escuchamos la voz del Abba y creímos con todo nuestro cuerpo y nuestra mente en el costo de nuestra libertad, con el sacrificio del Mesías.

Nuestras conversaciones en estos días previos se remitieron a las posibles escenas vividas por el pueblo en aquellos días. Una multitud de familias israelitas en cada casa con un corderito bien cerca para poder observarlo, contando los días. Cada miembro de la familia atareado por la cercana salida, unos ocupándose de reunir algunas de sus pertenencias, enceres, recipientes para el agua, herramientas que necesitarían en el viaje y los hombres y niños preparando el ganado para poder trasladarlo. Muchas generaciones habían pasado detenidas en esa tierra, pero Yahwéh les había permitido, a pesar de estar esclavizados, tener sus casas y sus animalitos para esta ocasión. Imaginamos a toda esa multitud de familias durante el día iluminado todavía, entre las dos tardes, casi al unísono sacrificando los corderitos, las mujeres dispondrían los ácimos y las hierbas amargas, el anciano de la casa tomaría el recipiente con la sangre, ya tendría el hisopo preparado y mientras el fuego ardía para hacer brasa pintaría los dinteles y columnas de las puertas. Con un poco de sangre, había dicho Mosheh, pero seguramente lo habrían repasado varias veces para asegurarse que sea visto por el malaj que pasaría.

Recordando el primer Pésaj

¡Cuánto laterían los corazones de todos! y pudimos imaginar las miradas entre ellos. Casi en el mismo momento cada hogar tendría la leña ardiendo. Bastante leña debió recoger ya que un cordero tarda alrededor de 6 horas al fuego y más aún al ser un cordero entero sin poder abrirlo ya que no podía romperse ni uno solo de sus huesos. Un cordero de un año puede pesar hasta 25 kilos y había que asegurarse que sea bien cocido como eran las instrucciones del Abba.  ¿Pueden imaginarse el humo de esos fuegos y el olor de cientos y cientos de corderos subiendo por el aire e inundando todo Mitsráyim? Los Mitsritas viendo desde sus asentamientos esa nube de humo subiendo y el olor a carne asada llegando hasta ellos, horrorizados por ver que sus dioses eran quemados. Se nos ocurrió pensar que quizás no todas aquellas familias habrían hecho todo esto con buena voluntad, con deseos y confianza y, por otro lado, que familias no israelitas luego de haber visto todos los portentos que el Elohim de Israel había hecho, habrían querido participar. Así que los imagino realizando a los hombres la circuncisión requerida y todo el malestar físico que esto representaba. Así conversamos con mi esposa estos días y leímos: Esa fue para Yahwéh una noche de vigilia para sacarlos de la tierra de Mitsráyim. ¡Y pensamos, nunca duerme el que guarda a Yisrael!  ¡También fue una noche de vigilia para las generaciones, dicen las escrituras …, hasta que vino el Mashíaj y nos dijo que hagamos esta cena recordándolo a él! y aún tenemos que permanecer en vigilia, porque el novio viene y no sabemos el día ni la hora.

La señal de sangre en las puertas de cada casa fue una señal para cada familia, que iban a recordar por orden del Abba al cumplirse el tiempo de cada nuevo Pésaj. Una señal para que ellos no olviden y así poder reconocer al cordero espiritual que vendría.

Porque aquel pueblo que con mano poderosa fue librado de la esclavitud de Mitsráyim y encaminado hacia la promesa que el Elohim de Yisrael había jurado, nunca pudo sacar a Mitsráyim dentro de sí. Salió físicamente de esclavitud, pero su esclavitud continuó dentro de ellos.

Un Memorial de los Bienes Venideros

El Abba misericordioso y por amor a su nombre había preparado todo para que el pueblo reconozca a aquel cordero espiritual desde un principio. El Abba fue dejando señales como quien marca los árboles en la montaña para que aquel que quiera llegar a la cima, las busque, las encuentre y no se pierda. ¡Recuerden que la señal del cordero está desde un principio, desde ese primer cuero que cubre a Adam y Java!

En su liberación de Mitsráyim introdujo el calendario con esta cita, su moed, para que respeten pero que también puso allí escondidos los misterios para que aquellos que desearan ver vean, y aquellos que desearan oír, oigan. Entonces, cuando el Padre lo dispuso, en su tiempo señalado envió a su hijo, el cordero espiritual, Yahoshúa, que fue sacrificado para libertar esta vez espiritualmente y no físicamente a todo aquel que crea en su sacrificio. Pensemos que la sangre de aquel cordero sacrificado en Mitsráyim sirvió para todo el pueblo de Yisrael, pero también para toda esa multitud mixta que salieron a libertad con ellos. Esto también fue sombra de lo que la sangre del cordero de Pésaj, nuestro Mashíaj haría por todas las naciones que quisieran aceptar su sangre y ser llevados al desierto, es decir fuera del mundo, y elegir santificarse cada día al servicio de nuestro Creador por su fe. Como la parábola que nos relata nuestro Adón Yahoshúa del hijo mundano que vuelve a casa de su padre, nosotros volvemos al Abba gracias a su hijo, luego de haber estado en diversas instituciones mundanas y contaminándonos de todo lo que es aborrecible al Abba.  Entonces cuando retornamos Él se alegra y por eso nos lleva al desierto, nos aísla del mundo en el que estábamos y cuando nos ve que seguimos avanzando sin rebeldías, luchando a cada paso para someter al mundo en nosotros, nos habla en esa soledad para luego volvernos a poner en familia.

No es otra vez el Pésaj sino un memorial, una celebración del Eterno a la que estamos convocados. Algunos hermanos han preguntado estos días cómo se hace, qué hay que hacer, cómo preparar la casa, qué vestir… Cuando llegamos a querer ir a su fiesta es porque deseamos seguir esforzándonos en negarnos a nosotros mismos y sabemos que Él no puede ser burlado, que no valen las apariencias, las decoraciones, los atuendos y las casas libres de miguitas leudadas.  No es un rito. El Mashíaj nos está llamando a libertad y esto es lo que tenemos que examinar en nosotros para que su sangre esté presente en nuestras vidas librándonos de la muerte. Lo que cuenta es nuestro deseo de participar de ella, que vayamos con un corazón gozoso, con agradecimiento y con el debido temor. Él verá nuestra sinceridad y el deseo de acercarnos. Nuestro servicio al Abba es obedecerle con alegría y respeto, presentándonos ante Él alimentados de su palabra y seguros en el cordero. Lleguemos a su fiesta agradecidos por que no vamos a morir en el desierto a pesar de las muchas pruebas y dificultades que nos encontremos porque estamos siendo guiados por la nube de día y la columna de fuego en la noche y bebiendo del agua de la roca que es el Mashíaj.

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4 comentarios en “DESEOSOS DE IR A SU FIESTA”

  1. La honestidad, es un conjunto de de acciones que tiene el temeroso a Dios a otro ser humano es actuar correctamente en todo excluyendo no mentir, no falsedad. Bueno si no es esto me avisan. Shalom hermanos.

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