Devoráh: Capitana y Profetisa

Por: Francy González

El nombre Devoráh es en hebreo: דְּבוֹרָה Significa: ‘abeja’.

La abeja es un insecto muy valioso para la humanidad por los productos que provienen de ella, de los cuales se obtienen diversos beneficios.

Las abejas se caracterizan por poseer una organización social muy elevada, trabajan de manera precisa y son muy laboriosas.

En la antigüedad, se tenía como símbolo de la realeza.

Esta breve descripción sobre la abeja merece su mención, debido a la costumbre que se tenía en las culturas antiguas de colocar nombres a los hijos que describieran su personalidad.

A lo largo de las Sagradas Escrituras encontramos varios ejemplos (1 Samuel 25:25, entre muchos otros).

Lo que nos ayudaría a conocer mejor a nuestra Devoráh.

Su desempeño se desarrolla en la época, después de la muerte de Yahoshúa hijo de Nun, en que los yisraelitas se habían establecido en Keenán, pero que seguían siendo atacados por éstos y sus otros vecinos.

Al leer el libro de los Jueces, recordamos el motivo por el cual los yisraelitas tuvieron constantes ataques de sus enemigos, fue por su infidelidad a Yahwéh.

Como siempre, Elohim no los dejaba solos y “Entonces Yahwéh levantaba capitanes que los libraban de aquéllos que los saqueaban.”[1]

Devoráh tenía dos responsabilidades: era profetisa y dirigente.[2]

“Debido a su carácter profético, gozaba de gran autoridad e influencia, y de alguna manera se la consideraba juez y cabeza de la nación, a quien se referían los problemas y dificultades del momento, cuando los judíos, especialmente las tribus del Norte, en el entorno de Galilea, sufrían bajo la tiranía de Jabín (1296 a.C.).”

(GRAN DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO DE LA BIBLIA, p. 986).

Devoráh la líder de su pueblo

Como dirigente, asumió su liderazgo y se la puede apreciar ejerciéndolo, según se demuestra en aquellos que se le acercaban en busca de toma de decisiones.

El que la requería, podía encontrarla en — lo que pudiéramos llamar hoy: su oficina — la “Palmera de Devoráh, entre Ramah y Betel en la serranía de Efráyim”.[3]

Convocó a Baraq, hijo de Abinóam, y le transmitió un mensaje en forma de orden de parte de Yahwéh, que consistió en tomar a diez mil hombres para que le hicieran frente al comandante militar Siserá.

Ella también le transmitió a Baraq el plan de victoria de Yahwéh sobre Siserá y sus tropas: los conduciría hasta el arroyo de Qishón y se los entregaría en sus manos.

Por la descripción que se menciona en el canto de Devoráh y Baraq, al parecer el plan era que los carros de Siserá se los llevara la corriente.

“El torrente Qishón se los llevó, ese fuerte torrente, el torrente Qishón. ¡Marcha adelante, vida mía, con valor!”[4]

Valentía en medio de la Batalla

De hecho, ese comandante hubiese sido entregado en las manos de Baraq, de no haber sentido inseguridad, al pedirle a Devoráh que lo acompañara; por lo que ella le profetizó que Siserá sería entregado en manos de una mujer: Yael, esposa de Jéber el kenita.

El relato bíblico nos explica por qué Jéber habitaba en una carpa, esto es para ponernos en contexto de la forma en que Yael eliminó a Siserá: con un clavo de la carpa:

“… la tienda del beduino, se compone de un gran toldo que se sostiene por postes, y las extremidades de la tela de la tienda se estiran con cuerdas que se atan a estacas hincadas en la tierra. Fue una de estas estacas de la tienda la que usó Jael para matar a Sísara (Jueces 4:21).”

(USOS Y COSTUMBRES DE LA TIERRA BÍBLICA, p. 6).

Retomando el momento del enfrentamiento entre Siserá y su ejército; y Baraq, Devoráh y los diez mil hombres, se debe destacar las palabras de ánimo que expresó Devoráh a Baraq: “… ¡Arriba! Que este es el día en que Yahwéh entregará a Siserá en tus manos: Yahwéh va marchando delante de ti”.[5]

 ¡Qué gran alivio tener la palabra de Yahwéh en nuestros corazones, en plena batalla!

Victoria en la Batalla

La victoria fue contundente, los carros de hierro de Siserá, cayeron como nada ante la mano poderosa de Yahwéh y el ejército de este comandante terminó en una gran matanza en manos de Baraq.

Siserá, que había sido tan temido por Yisrael, al haberlos oprimido por 20 años. Ahora corría a pie, sin su portentoso carro, apresuradamente temiendo por su vida.

¡Qué alivio para Siserá haber encontrado la carpa de Jéber! Recordó que la familia de Jéber tenía amistad con el rey Yavín de Jatsor, su soberano.

Exhausto de tanto correr, halló descanso dentro de la carpa, que tan amablemente Yael le había ofrecido para que entrara.

La valiente Yael no ignoraba sobre la batalla que se estaba gestando. Seguramente se había enterado de la crueldad con que este hombre trataba a los yisraelitas.

Lo cierto es que Yahwéh entregó a Siserá en manos de una mujer, tal como lo predijo Devoráh.

Otra gran victoria para Yisrael.

Algo maravillosamente ejecutado por Yahwéh de los ejércitos.

Ante una situación así, de triunfo, lo que provoca es ¡cantar!

Pues eso fue lo que hicieron Devoráh y Baraq. Este canto se encuentra detallado en el capítulo 5 de Jueces.

El cántico culmina diciendo que la tierra de Yisrael estuvo tranquila por cuarenta años.

No se detalla sobre la muerte de Devoráh, sin embargo, es posible deducir que permaneció viva durante esos cuarenta años.

Ya que la tranquilidad terminaba en cuanto moría un dirigente que levantaba Yahwéh para que no estuvieran solos, pues los yisraelitas volvían a ofenderlo y de nuevo el pueblo caía en manos de los enemigos.

Hasta que Yahwéh les levantaba otro capitán.


[1] Jueces 2:16

[2] Jueces 4:4

[3] Jueces 4:5

[4] Jueces 5:21

[5] Jueces 4:14

Mujeres Ayin
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