EL ÉXODO

Por Héctor Martínez.

“Navegaremos en las profundidades de la exhortación de la Torah y sobrevolaremos a las alturas de la Divina revelación que consuela nuestro caminar  en tierra firme. Mientras aguardamos Su regreso.”

Moreh Jizkiyahu Menéndez

Como anticipo del texto a continuación…

“Lo voy a intentar, Moreh” fue mi respuesta a su declaración. ¿La ocasión? Aquella en la que le comenté que se me había gentilmente requerido elaborar una reflexión para la Asamblea. La preparé, de acuerdo con la circunstancia que a nivel personal recién superaba en ese entonces, por eso quizá más que una reflexión sea una exhortación (o ambas). Lo dejo a criterio del lector.

Testimonio y Paralelismos

Estoy seguro de que muchos de nosotros podemos establecer paralelismos entre sucesos de nuestra propia vida con alguno de los que se narran en las Sagradas Escrituras. Para ilustrar esta idea daré un testimonio personal que tengo, como símil de la epopeya que relata la Toráh acerca de la salida del pueblo de Yisrael de Egipto (guardando la debida distancia, por supuesto.)

Junto a mi familia, compuesta por mi esposa y mi pequeña hija, decidimos mudarnos de Venezuela para asentarnos en Ecuador. Con esto inician los paralelismos:

 “…La tierra de Mitsráyim está a tu disposición. Haz que se asienten en lo mejor de la tierra; que residan en la región de Gosén. Y, si sabes que hay entre ellos hombres capaces, ponlos a cargo de mi propio ganado”.[1]

Considerando la situación decadente en la que caía mi país de origen, no dudé en aceptar una oferta laboral en el hermoso país de “la mitad del mundo”. Una vez allí, durante los primeros dos años contamos con abundancia y paz, producto de un buen trabajo que nos brindaba estabilidad. Sin embargo, después de ese período hubo una drástica disminución de oportunidades laborales, comenzando así para nosotros un duro período de estrechez. Valga la ocasión para relacionar la palabra “estrechez” con “Mitsráyim”, nombre hebreo con el que se conoce a Egipto.

Así las cosas, comienza entonces el clamor en nuestros corazones para salir de la “estrechez”.

Un nuevo éxodo

Mucho tiempo después murió el rey de Egipto. Los yisraelitas, sin embargo, seguían lamentando su condición de esclavos y clamaban pidiendo ayuda. Sus gritos desesperados llegaron a oídos de Elohim, quien al oír sus quejas se acordó del pacto que había hecho con Abraham, Yitsjaq y Yaaqov. Fue así como Elohim se fijó en los yisraelitas y los tomó en cuenta.”[2]

Con la “muerte” de las oportunidades que buenamente nos habían llevado al lindo Ecuador, comenzó la ardua tarea de preparar un nuevo éxodo a una tierra en la que pudiese tener mayores posibilidades de desempeñar mi profesión. Lo planificamos en el seno familiar, sin afanes, mientras seguía en la búsqueda de trabajo, sometiendo todo siempre en oraciones al Abba YHWH para que sucediere lo que mejor dictase Su voluntad. Fue así que, mientras por una parte las oportunidades laborales se desvanecían, por la otra logramos vender rápidamente el pequeño patrimonio que Elohim nos permitió construir y compramos boletos para iniciar una larga travesía de 10 días hacia nuestro destino escogido: la Patagonia Argentina.

“Por eso me propongo sacarlos de su opresión en Mitsráyim y llevarlos al país de los keenanitas, hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos. ¡Es una tierra donde abundan la leche y la miel!” [3]

Acá es necesario hacer un paréntesis para aclarar que no pretendo asociar a tan hermoso país como lo es Ecuador con el Egipto del relato, la semejanza la establezco más bien intrínsecamente con mí situación particular, nada inherente al lugar. Como ya está dicho, iniciamos el largo viaje, con uno que otro pequeño contratiempo pero siempre con el socorro oportuno y constante de nuestro bendito Elohim, quien lo llevó a feliz término.

Al llegar y hasta que el Padre me proveyó de un empleo estable para retomar nuestra independencia económica, nos recibió muy cálidamente, influenciado sin lugar a dudas por el amor fraterno inspirado por el Mashíaj Yahoshúa, en su casa y junto a su preciosa familia, un amado hermano que ahora duerme en la esperanza de la resurrección: Héctor Armando Asoca.

Pero ¿estamos ya en la tierra prometida?

Así termina la reseña de la circunstancia que nos llevó a transitar Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Pero ¿llegamos a la tierra prometida? Usted que me lee, que quizá tras una ardua lucha logró estabilizar su situación económica y/o laboral, ¿considera que ya llegó a su tierra prometida? ¿Que terminó su vagar por el desierto? De ninguna manera. Porque aún sufrimos los avatares de la vida dentro de este sistema mundial, que es el verdadero Mitsráyim.

En ese recorrido, a pesar de las infinitas muestras de bondad y los prodigios que obra el Padre Celestial en nuestro caminar, en ocasiones la ira o la frustración que nos genere algún suceso adverso puede llegar a afectarnos.

…y Yahwéh le dijo a Moshéh: “Tú y Aharón tomen la vara y reúnan a toda la comunidad. En presencia de todo el pueblo, háblale a la roca y de ella brotará agua. De la roca proveerás suficiente agua para satisfacer a toda la comunidad y a sus animales”.[4]

Cuando algún tropiezo nos demore en la ruta, no pequemos ni reneguemos contra el Supremo Timonel de nuestra caravana. Recordemos que Él hizo brotar agua de la roca, esto como sombra de aquella agua que ofrece nuestro Mashíaj Yahoshúa. El agua que nos revitaliza en este desierto, para continuar el camino hasta alcanzar la verdadera Tierra Prometida…

Hermanos, cualesquiera sean las circunstancias que estemos padeciendo en el desierto que es esta vida terrenal y pasajera por acción de las potestades del mundo, tengamos presente dos cosas: que en este camino ya hemos salido de la estrechez en la que estábamos cuando practicábamos lo que oprime y esclaviza el espíritu por la falta del conocimiento de la Toráh y la fe en el Mashíaj. Y que al final nos espera la verdadera Tierra Prometida, la que fluirá leche y miel por toda la eternidad: el Reino de Yahwéh. Si en el recorrido flaqueamos, apresurémonos a beber de nuevo del manantial qádosh, del Agua Viva que restaura a quien la bebe con corazón contrito y arrepentido, gracias a la infinita Misericordia del Padre.

“…más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”[5]

Amén.


[1] BERESHIT/GÉNESIS 47:6

[2] SHEMOT/ÉXODO 2:23,25

[3] SHEMOT/ÉXODO 3:17

[4] BAMIDBAR/NÚMEROS 2:7,8

[5] YOJANÁN/JUAN 4:14

Colaboradores
Últimas entradas de Colaboradores (ver todo)

Anótese en el boletín AYIN y le enviaremos vía email nuestro Minicurso Introductorio a las Celebraciones Bíblicas:

x