El Miedo

Por. Silvina Carrizo

“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas, peor de lo que son.”[1]

Hace unos años atrás Marcos, mi marido, compró un kayak de travesía para dos, pues su intención era que yo lo acompañe a remar.

Imaginen lo que esto fue para mí que apenas hago la plancha: terrible.

Tengo mucho miedo al agua pues no nado seguido por el frío y suelo pasar por la parte profunda rapidito, siempre con la respiración agitada.

Ustedes pensarán que Marcos quería salir de vacaciones y llevar el kayak para dar unas vueltas, pero no, esa no era su idea.

Su idea era ir hasta un muelle en el mar y allí, nosotros en esa cascarita de nuez, salir remando por los fiordos durante días, parando a dormir, por supuesto, en alguna playita previamente identificada por Marcos en su GPS.

Claro que yo iría con salvavidas, pero ¿qué es una mujer con salvavidas en el océano? Nada.

Me halagaba que Marcos quisiera hacer todo esto conmigo pues bien podía hacerlo con sus amigos expertos en el área, por eso no le dije que no.

Eso sí, el miedo apareció frente a mí cada noche al cerrar los ojos al imaginarme en el océano.

“El que teme sufrir, sufre de temor.”[2]

Mi miedo ocurría mucho antes de que las cosas que imaginaba sucedieran.

Era miedo a la inmensidad de las aguas con acantilados sin playas donde refugiarnos; a perder el remo en un vuelco; a que ese lobo marino venga a golpear la nave con su hocico; en fin, todo el espectro de imágenes catastróficas que puedas imaginar rondaba mi cerebro produciendo más miedo.

El miedo no es tonto, afirma un dicho popular, y nos moviliza a que seamos prudentes y nos preparemos para actuar, de esta manera se vuelve en un aliado.

La salida que encontré a mi situación fue armarme de recursos y pensé: qué haré si tal cosa sucede.

Oré mucho y me armé de recursos además de prepararme física y mentalmente para no convertirme en un estorbo lleno de temores para Marcos, pues mis miedos podrían poner seriamente en riesgo la travesía.

“Porque lo que temía me ha sobrevenido; lo que me aterraba ha venido sobre mí.”[3]

No pude dejar de pensar en Iyov: él vivía cada día temeroso por sus hijos, no podía disfrutar en paz de las bendiciones que recibía del Creador pues estaba turbado pensando en aquello que no había sucedido.

Nos dice: “No tenía reposo, ni descanso, y vino el problema.”[4] Me imagino que Iyov no dormía tranquilo ni tenía buenas digestiones.

El miedo se convierte en un problema cuando los pensamientos que lo provoca son imaginarios, es decir cuando se vive angustiado ante lo que pueda suceder: a tener una enfermedad, a la falta de dinero, al abandono, a no ser valorado, son muchísimos.

Lo cierto es que esa posible situación que tememos, nos la suponemos mucho más grave de lo que posiblemente pueda llegar a ser, entonces se sufre prolongadamente y se cae en ansiedad y hasta puede llegarse al pánico si la tensión es prolongada.

Esto miedos tienen origen en varias causas en nuestro interior que generalmente desconocemos y se ponen en funcionamiento ante determinadas circunstancias.

¿Qué nos dicen del miedo las Escrituras?

“Los temores de un hombre vienen a ser una trampa para él, pero el que confía en Yahwéh será salvaguardado.”[5]

Es una trampa porque a diferencia de otras emociones, el miedo prolongado se apodera de nuestra circunstancia y nos hace su esclavo.

Si el miedo es quien domina nuestro pensamiento entonces, damos muestra de una condición de incredulidad y nos corremos de su shalom.

“(…) y para librar a los que por temor de la muerte estaban toda la vida condenados a esclavitud.”[6]

Podría afirmarse que la sanación al miedo es el amor. El Creador fue quien nos amó aún antes que lo busquemos. Él nos amó tanto que “aun siendo pecadores, el Mashíaj murió por nosotros”[7] y nos hizo libres del pecado, que nos conduce a la muerte.

Detrás de todo miedo se esconde el miedo a la muerte, de alguna forma. Y si le creemos a la muerte no estamos poniendo nuestra fe en lo que nos dice el Creador.

El miedo puede llevarnos a cometer otros pecados. Cuando tenemos miedo a que no nos alcance el dinero, podemos pecar de avaricia y no dar ayuda al necesitado.

Cuando tenemos miedo a no ser amados es probable que no sepamos entregarnos a amar al prójimo.

Él ya nos amó y ¡en ese amor tenemos que permanecer y perfeccionarnos!

Sentirnos amados por el Todopoderoso y en cada uno de aquellos miedos ir poniendo sus promesas, iluminarlos con su palabra y avivar el don de Elohim que hay en nosotros “porque no nos ha dado Elohim un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”[8]

“No temas, que yo estoy contigo; no tengas miedo, que yo soy tu Elohim; yo te fortalezco, y te ayudo, yo te sustento con mi diestra victoriosa.”[9]

¡¡HalleluYah!!


[1] Tito Livio, historiador.

[2] Proverbio chino.

[3] Iyov 3:25

[4] Iyov 3:26

[5] Prov.29:25

[6] Hebreos 2:1

[7] Romanos 5:8

[8] 2 Timoteo:1: 6 y 7

[9] Isaías 41:10

Mujeres Ayin
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4 comentarios en «El Miedo»

  1. Bellísimo y profundo escrito. Cae como anillo al dedo ! El temor a veces nos motiva a tomar decisiones pero resultan equivocadas… o nos paraliza que no nos permite actuar . Por eso mejor aprender a confiar en Nuestro verdadero refugio que nos brinda Nuestro Padre Yahwéh en su infinito amor!

  2. Hermana Silvia excelente tema, una pregunta fue finalmente a esa aventura? Le pregunto porque yo tengo un miedo muy grande a manejar, llevo desde el año 2000 con mi licencia de conducir y la he renovado dos veces cada vez que ha caducado la fecha y nunca he manejado ni un poquito, en cada intento el temor y miles de pensamientos vienen a mi mente, que si atropello a alguien persona o animal, que si van mis hijos y le pasa algo, etc miles de miedos. Por eso este tema es maravilloso ya que nuevamente me estoy plantiando manejar y me es muy necesario ya que nos fuimos a vivir a una zona muy rural del sur de Chile.
    Muchas gracias hermana,
    Cariños y bendiciones, estoy muy feliz en el corto tiempo que llevo en la asamblea.
    Shalom!!!
    Valeska Benavides
    Chile, Puerto Varas

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