Por: José Luis González

Leemos en el libro del profeta Yirmeyahu (Jeremías)[1] una hermosa parábola acerca de la labor del alfarero y como éste al trabajar con el barro si se le dañaba una vasija con el mismo barro hace una nueva vasija según su parecer.

Elohim, el Creador de todas las cosas, guía al profeta Yirmeyahu a la casa del alfarero para mostrarle una enseñanza. A través de está alegoría compara a su pueblo con el barro siendo Él el divino Alfarero para manifestar su propósito para con su pueblo.

Y es a través de esta enseñanza que ÉL desea que vayas, que vayamos hermanos, al taller del alfarero para revelarte su propósito y presenciar la forma como somos transformados.

Para ello quiero traer brevemente la historia de cuatro hombres especiales a los cuales Elohim llevó a la casa del alfarero y son: Yov, Yeshayahu, Yirmeyahu y Shaúl Paulos.

Yov

Yov entendía que él era la obra en las manos de Yahwéh y presentó sus argumentos delante de ELOHIM como hablaría una vasija con su alfarero.[2]

Yov consideró aquel tiempo de aflicción, como un proceso que Elohim necesitó para transformar su vida en el vaso que pudiera contener y derramar bendiciones.

Yeshayahu

El profeta Yeshayahu (Isaías) también presenta a ELOHIM como un alfarero determinado a trabajar el duro barro de su pueblo rebelde, cuando dice en: ¡Qué perversidad la suya! ¿Acaso se considerará al alfarero como el barro?[3]

Más adelante asegura que Elohim, como buen alfarero, tiene que pisar el barro para hacerlo moldeable y después contempla el resultado de su labor al ver como su pueblo se somete a la voluntad de Yahwéh.

Yirmeyahu

Elohim pidió al profeta Yirmeyahu (Jeremías) que fuera personalmente a casa del alfarero, para que viera todo el proceso, desde que la tierra era mezclada con agua, hasta que la vasija quedaba terminada; pudo ver incluso, cómo la vasija se quebraba durante el proceso, y cómo el alfarero recogía los fragmentos y volvía hacer otra según su propósito.

Shaúl Paulos

Yahwéh también llevó a Shaúl a casa del alfarero, quien después de considerar lo que allí aprendió, escribió ¿Quién eres tú para cuestionar a Elohim?[4]

¿Le dirá la vasija formada al que la formó, por qué me hiciste así?

Bien, y en otro pasaje Shaúl nos dice que tenemos este tesoro en vasos de barro, para que se vea la excelencia de que este poder viene de Elohim, y no de nosotros.[5]

¿Y qué significa esto?

Esto, nos habla de humildad, que lo valioso en nosotros es el contenido divino… porque Yahwéh en su amor y misericordia ha querido que seamos vasos de honra, útiles a su propósito.

Bien, sigamos… Analicemos brevemente lo que estos hombres vieron en la casa del alfarero.

Primero y lo más importante al alfarero, quien tipifica a Yahwéh Elohim, en segundo lugar, vieron el barro que prefigura al hombre, en tercer lugar, vieron la rueda giratoria, cuyo centro representa la perfecta voluntad de Elohim y por ultimo vieron cada etapa que la arcilla tiene que pasar hasta ser una vasija perfecta.

Ahora los invito a caminar juntos hasta la casa del alfarero y contemplar todo el proceso:

1ª etapa: Lavando la arcilla.

El alfarero en primer lugar recoge la tierra y la mezcla con agua, la amasa una y otra vez, lavándola con abundante agua hasta eliminar la tierra, logrando una masa consistente.

La Toráh es el manual que nos enseña a rectificar nuestros actos, por esto Elohim añadirá el agua de la Toráh en todo tiempo para mantenernos con el corazón dispuesto hacer su voluntad.

2ª etapa: El secado brusco.

Después de lavar la arcilla debe probar su calidad, para ello forma una bola y la coloca al aire libre para que la seque bruscamente.

Esta relación básica es con las personas de nuestro entorno, quienes podrán actuar como la intemperie sobre nosotros, con brusquedad.

Algunas personas se van a cuartear por las presiones y van a retroceder para ser otra vez aceptadas por sus antiguos amigos, la familia o la sociedad.

Por esta falta de firmeza, el alfarero no puede levantar el vaso, así que lo volverá a lavar por medio de las pruebas, hasta que su emunáh sea firme y no se agriete más.

3ª etapa: Cuando el barro se pisa.

Lo siguiente que hace el alfarero es estrellar contra el suelo el barro y pisarlo con los talones hasta conseguir una masa más homogénea.

Miren, es ahora cuando Elohim tiene que pisarnos para vencer nuestro ego, consiguiendo que nuestra nefesh (vida) aprenda a caminar sometida a la rúaj (espíritu).

4ª etapa: El alambre del alfarero.

Antes de formar la vasija, el alfarero debe detectar y eliminar todas las impurezas que podrían ocasionar su ruptura.

Entonces usa un alambre para cortar la masa en todas las direcciones, ¡Materialmente, pulveriza la arcilla! Asegurándose así que la vasija no se romperá en el proceso.

Avinu Yahwéh, nuestro alfarero, va a trabajar con cada uno de nosotros de forma individual, porque somos diferentes requerimos trato distinto, según la calidad del barro de nuestro corazón.

5ª etapa: Cuando gira la rueda.

Al principio el barro choca de forma irregular con las manos del alfarero, pero cuando se centra en la rueda… los dedos del alfarero se comienzan a deslizar suavemente para darle forma.

¡Da gusto hermanos ver la manera en que la arcilla se somete a la destreza del alfarero!

La aplicación de esta relación en nuestra vida consiste en centrar al hombre a la voluntad de Elohim.

6ª etapa: Los acabados.

Cuando el vaso ha sido torneado, lo despega de la mesa y le da el acabado que desea.

Saben, la verdadera relación con Elohim se da a solas, con la oración. Porque la oración cambia al que ora y lo une a Elohim quien le da fortaleza.

Aquí vemos otra vez el ejemplo de vida de Yahoshúa haMashíaj, como él se apartaba diariamente para hablar con Yahwéh.

7ª etapa y última: El Horneado.

Cuando el vaso ha sido decorado pareciera estar listo, pero no, el barro esta crudo y debe someterse a un cocimiento de varias fases. Veamos:

1ª fase: A fuego lento para purificar. Dejemos la vanidad de nuestro corazón para ser vasijas de honra para dar a conocer a Elohim.

2ª fase: Elevar la temperatura hasta punto de fusión. Esta fase prefigura la madurez espiritual, cuando comprendemos el plan de salvación de Yahwéh Elohim manifestado en la vida, muerte y resurrección del Mashíaj, y decidimos firmemente andar como él anduvo, o sea someternos por completo a la voluntad de Yahwéh Elohim.

3ª fase: El templado. Consiste en sacar la pieza del horno cuando está muy caliente para que se enfrié bruscamente. Y la aplicación a nuestra vida es que nada nos debe mover de obedecer la voluntad de Yahwéh Elohim aumentando día a día nuestra confianza.

¡Ahora, si está completa la obra y el vaso perfecto!

Elohim ha comenzado una obra en ti y en mí y te aseguro que ÉL la va a terminar; hoy deseo desafiarte a que ya no seas una vasija rota ni tampoco una vasija de adorno expuesta para ser vista por otros, sin importa cuán lejos estés de su voluntad, Yahwéh está trabajando en una vasija de barro y tú puedes identificarla, esa vasija es tu vida.

Ahora quiero que te fijes en esa vasija rota en manos del alfarero y quiero que le escuches decir: “Te haré una vasija mejor según mi parecer”.

Es hora de pedirle al Bendito Elohim que nos transforme en una vasija de justicia y bondad.

Oremos así: Avinu Yahwéh, Tú eres el Alfarero que con tus manos me estas transformando. Hoy quiero ser una vasija conforme a tu voluntad… trabaja en mí, hasta que se refleje tu mano en cada aspecto de mi vida. Padre, rompe mi cántaro, toma mi vida y hazla de nuevo. Amén.

¡VOLVAMOS A LAS MANOS DEL ALFARERO!


[1] Jer.18:1-6

[2] Yov 10:9

[3] Is.29:16

[4] Ro.9:20

[5] 2Cor.4:7

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