HUMILDAD (No somos nada sin ÉL)

Por: Héctor Martínez  

Las Sagradas Escrituras nos exhortan a que dejemos nuestra vieja manera de vivir y actuar, lo que asemeja a un cambio de vestuario. La manera de vivir del ser humano es similar a un vestido viejo sucio y estropeado por diversas conductas como el robo, codicia, homicidios, irrespeto a los padres e idolatría entre otras cosas, en las cuales muchos de nosotros andábamos en otro tiempo, como lo dice el enviado Shaúl.[1]

Todo lo nombrado anteriormente vendría a ser la suciedad notoria, la más evidente de la cual hemos sido limpios gracias al favor y la bondad inmerecida de Elohim; por ese inmenso favor hemos sido lavados y limpiados para ser trasformados en un nuevo hombre; aun así, nos queda una tarea por hacer: la de revisar esos hábitos que al formar parte de nuestra rutina se pueden convertir en esas pequeñas “manchas en la tela” que son las más difíciles de eliminar. Y son esas pequeñas manchas que menciono a las que debemos prestarles especial atención.

Identificar y Detectar

Para empezar, debemos ser capaces de identificar dichas máculas. En realidad las tales pueden representar varios aspectos negativos de nuestra vida que, quizá con mayor o menor éxito, logramos disimular ante los demás, aunque ante nuestro Elohim sea imposible hacerlo.

Hoy voy a referirme en particular a una de esas taras que vendría a ser, en mi concepto, la principal; ya que nos impide ver la totalidad de cualquier otra mancha que tengamos: nuestro Ego.

Más allá del término desde el punto de vista del psicoanálisis, para el caso describo al ego como la exaltación del yo, o como lo puntualiza una definición que encontré en redes, un exceso de autoestima. Esa condición que muchas veces nos lleva a tener un concepto sobrevalorado de nosotros mismos.

El Adón Yahoshúa nos advierte acerca de esa actitud que se puede volver en nuestra contra si no la sabemos manejar, en la comparación del fariseo y el publicano:

“Dos hombres subieron al Templo a orar. Uno era fariseo; y el otro, publicano.

El fariseo se puso de pie y empezó a orar en silencio de esta manera: ‘Elohim, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni siquiera como este publicano.

Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo’.

Pero el publicano, de pie a cierta distancia, no quería ni alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘Elohim, ten piedad de mí, que soy pecador’.

Les digo que éste bajó a su casa justificado, y el primero no. Porque a todo el que se ensalza lo humillarán, y al que se humilla lo ensalzarán”.[2]

Es muy posible que a esta instancia en la que nos encontramos, estudiando en mayor o menor grado las Escrituras y acompañados por maestros y ancianos, no lleguemos a caer en situaciones como la del fariseo que acabo de citarles. Pero eso no significa que no nos queden remanentes de exceso de autoestima. Peor aun cuando estos remanentes surgen en nosotros de forma inesperada, cuando ya creíamos haber superado esa conducta.

Mi Experiencia

Como ejemplo traigo mi propia experiencia: hace unos días, por exigencia de la compañía para la cual trabajo, estuve realizando una capacitación para luego presentar dos exámenes que darían cuenta de mi nivel de comprensión de los temas tratados. Al término del curso me sentía bien preparado, pues estuve atento y dediqué horas de estudio en casa. Sin embargo, mi exceso de confianza sufrió un brutal impacto cuando, al recibir los resultados de los exámenes, descubrí que no aprobé ninguno de los dos; incluso estuve en los resultados por debajo de algunos compañeros que en mi opinión, tuvieron menor participación durante la capacitación, quienes paradójicamente lograron aprobar, uno o ambos exámenes.

Esto ocasionó que ese día mi condición anímica decayese a un punto al cual debo reconocer no había caído hace mucho tiempo. Me sentí inútil, decepcionado, incluso me burlé de mí mismo, renegué de mis capacidades intelectuales. A este sentimiento de derrota se unió el temor a perder mi trabajo, puesto que la capacitación era para alcanzar un nivel requerido para el cargo que desempeño en la organización.

En resumen, mi gran frustración tuvo lugar a partir de no haber logrado algo que yo suponía, en mi “exaltación del yo”, como muy sencillo. Quiso la misericordia de nuestro Padre Celestial que poco a poco, con el paso de las horas, pudiese ir recobrando la serenidad que me permitió analizarme y reconocer que, más allá del temor por mi permanencia en la compañía, fue mi ego el que me golpeó.

Esta experiencia me llevó a preguntarme si en el plano espiritual me encontraba también en semejante situación. Creyendo superadas manchas y taras en mi vida, detecté que no lo estaban; este autoanálisis luego me llevó a preguntarme si estaría ocultando mis equivocaciones y yerros con una apariencia de piedad. Y en ese análisis interior, recordé las palabras del gran enviado Shaúl a los hermanos en Filipo, donde reconoce que aún no ha alcanzado la perfección ni la madurez y por tanto, sigue en la lucha y esforzándose para alcanzar la preciosa meta del llamamiento.[3]

Aprender, Corregir y Continuar la Carrera

Como muchas veces digo, si el mismísimo Shaúl pretendía no haberlo alcanzado aún, cuánto más nos faltará a los demás. Sin embargo, lo mejor que podemos hacer es aprender de los errores, corregir las faltas y proseguir ésta nuestra carrera de todos los días, hasta el día que hayamos alcanzado la meta y obtengamos la victoria.

 Así que el consejo es, que ni tengamos de nosotros mismos en exceso una buena opinión, ni nos desanimemos cuando fallemos. Como exhorta Shaúl a la asamblea: “Le digo a cada uno de ustedes, por el favor que se me ha concedido, que nadie se estime en más de lo que conviene, sino que se estime con sensatez, conforme a la medida de fe que Elohim repartió a cada uno.”[4]

Para continuar en la carrera es esencial vestirnos de la humildad y sencillez necesarias para reconocer nuestros errores y acudir al Padre Celestial, para que no solo perdone nuestros pecados sino que nos dé el aliento suficiente para seguir adelante.

Entonces, así como el publicano que no tenía de que ufanarse por nada delante del Creador, reconocía su mancha y apelaba a Su misericordia para recibir el perdón que lo impulsaba a seguir adelante, busquemos con sumisión la justificación que alivia nuestro corazón para poder seguir avanzando, siguiendo las pisadas del Adón Yahoshúa, hasta la meta.

Para ello debemos tener la humildad de reconocer que ningún mérito laboral, personal, académico, etc., es nuestro en exclusividad. Quizá nos corresponde una parte infinitesimal por el esfuerzo que hagamos para conseguirlo, pero la mayor parte es de Yahwéh Elohim. Porque no somos nada sin Él.


[1] 1Cor.6:9-11

[2] Lc.18:10-14

[3] Fil.3:12-16

[4] Rm.12:3 cf. Fil.2:3-9

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5 comentarios en «HUMILDAD (No somos nada sin ÉL)»

  1. La humildad es un reflejo del corazón sano, libre de orgullo y soberbia. Atender al llamado de Dios a ser humildes y no tener un más alto concepto de uno mismo en relación con los demás es ser sabio. Amén.

  2. En mi opinion humildad se refiere no cometer pecados de muerte, para no ofender a Yahweh, eso es humildad

  3. Shalom ubraha. Amados me pasó algo parecido a lo del hermano Martínez; yo trabajo en la especialidad de Electricidad y Electrónica Automotriz hacen más de 10 años y me estaba enorgulleciendo porque jamás me había fallado la reparación de una ECUs(computadora) Automotriz ni un módulo de encendido; y viene un amigo con un cliente de un Chevrolet y reparo la ECUs y me dice usted la probó y con aquel orgullo egoísta y miserable le dije: a mi nunca me han regresado ningún trabajo, de todas formas yo doy garantía de lo que realizo. El cliente se va y luego me siento en mi silla de trabajo y digo: AV Kadosh tú nunca me dejas mal ni mal parado y esta vez no es la excepción. Fui sincero con nuestro AV Kadosh YAHWEH, pero con el joven fui muy orgulloso aunque no lo aparente, a los pocos días regresó el joven con la ECUs sin solución y más quemada que al principio. Se me derribó todo el orgullo y mi altivez se vino al suelo, me sentí desmoralizado cuando sucedió por segunda vez. Pase una semana encerrado orando y humillandome ante mi CREADOR TODOPODEROSO para darme cuenta de que había en mi altivez y orgullo, dije: waaaoooo gracias AV Kadosh por exhortarme con tu amor y misericordia. Salí de mi habitación y fui al garaje, tomé mi teléfono llamé al cliente y le pedí perdón y me dijo: por favor ayúdame tú puedes prender mi carro es mi fuente de trabajo y con eso mantengo mi familia. Me traslade

  4. Me trasladé al taller después de haberme puesto en las manos del mi maestro YAHSHUAH HaMashyah de Netzarim, oré tomado de la mano con el cliente frente a su bella camioneta último modelo y le pregunté desde cuándo no prende su auto y me dijo casi 4 años y nadie lo ha podido encender; le dije si es voluntad de mi AV Kadosh YAHWEH prende hoy, si no me iré derrotado, y a las 2 horas y media aproximadamente logré reparar y también encendí el carro. Ese hombre brincaba de alegría y yo lloraba arrodillado y así estuve como por una hora lloraba y lloraba hasta que me desmayé y el hombre se asustó. Me invitó a su casa, una experiencia con mi creador nunca antes sentidos por mí, y cuando me senté a la mesa ese hombre me dijo nunca había oído esa Palabra y me dijo quiero recibir y servir al dios que tú sirves y la familia completa se convirtió y ese hombre me asusto cuando oí el estruendo en su cuarto quebrando y tirando cosas, y dije AV no me hagas eso por favor, y luego vi cuando el hombre comenzó a botar en un tambor para basura imágenes de las 3 y 7 potencias, marialionza y magias negras; y me dijo hasta hoy vivían ellos en mi casa. Todo sucedió después que mi AV Kadosh YAHWEH me derribó el orgullo y la altivez que estaban escondidos en mí y no lo sabía. Bendiciones amados y amadas en Nuestro Adon YAHSHUAH HaMashyah redentor y Salvador. AMÉN HALLELUYAH. Su servidor [email protected] WhatsApp 0058 424 910 88 56 Puerto Ordaz estado Bolívar — Venezuela

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