La Felicidad.

Por: Silvina Carrizo

Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se une a la compañía de los burladores (…)[1]

Generalmente no suele relacionarse la felicidad con un hombre, genéricamente hablando, de acuerdo a lo que describe el salmista, sino que se relaciona la felicidad a pasarla bien, a la alegría, a cuando las cosas te van bien.

Si a un niño le presentas dos imágenes con un rostro para que elija cuál de esas personas es feliz, con toda seguridad elegirá aquella que se muestra riendo.

Cierto día, paseando por Bariloche con mi nieto, pasamos frente a un McDonald’s.

Era la primera vez que veía en vivo y en directo aquello que conocía a través de la tv, y, atraído por su vidriera me pregunta: “Abu, la “Cajita feliz” ¿qué trae adentro para que la gente que compra sea feliz?”.

Ciertamente “la felicidad” tiene mucho marketing… pero ¿por qué?

En busca de la Felicidad

Porque todos queremos ser felices y entonces apuntan a la emocionalidad y se ocupan de asociar la felicidad con la compra del producto que desean vendernos.

Las publicidades nos muestras escenas con personas felices portando aquel producto que hace a que su felicidad sea completa.

Por las calles de nuestro pueblo es una tendencia el anuncio del: happy hour.

Cada estación cervecera, confitería, restaurant tiene una pizarra anunciando “la hora feliz”, una hora en la que puedes beber dos tragos, alcohólicos por supuesto, al precio de uno.

De manera que en dicho lapso horario un gran número de personas será feliz hasta el día siguiente a la misma hora (dicho en tono irónico para representar aquello de que la felicidad vende).

En realidad, comencé a meditar en este tema porque recibí la propaganda de un libro cuyo título reza: “Seré feliz mañana”.

Cuántas veces hemos oído decir: seré feliz cuando termine de estudiar, o, seré feliz cuando conozca a esa persona destinada a ser mi marido.

¿Será que mientras tanto esperamos que eso acontezca y comenzar a ser felices entonces somos… infelices?

Por otro lado, he oído personas reclamar a otros por su felicidad: ¿Cuándo me harás feliz? O, perder la oportunidad de ser felices para que otro sea feliz: Toda mi vida he sacrificado mi propia felicidad por vos.

Y me pregunto: ¿puede nuestra felicidad depender de una persona? Y, ¿puede ser que alguien pueda ayudar a otro a ser feliz siendo él mismo infeliz?

A lo que un optimista de estos tiempos podría contestarme con el engañoso slogan: Don’t worry, be happy (No te preocupes, sé feliz)[2]

Pero ¿Qué es la felicidad?

“Feliz el que halla sabiduría, el que alcanza entendimiento”.[3]

Hace días atrás el pueblo judío festejó Rosh haShaná, el nuevo año, y reparé por primera vez que su saludo no es “feliz año nuevo” sino “Shaná Tová”: año bueno, lo que me llevó a asociarlo con la declaración: “Y Elohim vio todo lo que había hecho, y lo encontró muy bueno”.

De manera que nuestro Creador ordenadamente fue dando forma a lo informe para hacerlo perfecto para el propósito para lo que cada cosa había sido creada.

Desear un año bueno, pensé, es desear un año en el que anhelamos que la buena voluntad de nuestro Creador se manifieste, un año para que sea Su voluntad.

Pero bueno, nosotros sabemos que no comenzó el conteo de los meses en estos días, pero me fue útil para relacionarlo con la felicidad porque justamente que nosotros conozcamos el propósito por el cual vivimos nos hace personas felices.

El propósito de nuestra vida

Y no únicamente conocer el propósito, sino, trabajar para lograrlo.

Conocer el propósito de nuestra vida nos posibilita esforzarnos para ser coherentes con lo que pensamos y hacemos y esto nos da shalom porque podemos alinear nuestro caminar en la vida al propósito que tenemos.

Porque ¿acaso podemos ser felices si no sabemos para qué vivimos?

El neurólogo Viktor Frankl escribió uno de sus libros, El hombre en búsqueda de sentido, estando prisionero en un campo de concentración y exterminio.

En él, termina diciendo algo así como que aquel que no sea capaz de encontrar un sentido para su vida vivirá una vida que no tiene ningún sentido.

Había observado que aquellos prisioneros que ayudaban a los débiles y enfermos, que daban su plato de comida a quienes lo necesitaban más; que hacían el trabajo forzado de aquellos que desmayaban; habían encontrado el sentido a estar allí y por eso, eran quienes sobrevivían, a diferencia de aquellos que se entregaban a padecer su condición en sufrimiento.

 “Más bien, busquen primeramente el reino de Elohim y su justicia, y todas estas cosas se les dará por añadidura”.[4]

Nuestro propósito en la vida es alcanzar la imagen del Mashíaj, al menos esforzarnos por ser lo mejor de nosotros mismos que podamos tras esta meta; y trabajar para ayudar al menos a una persona a que sea feliz al encontrar el propósito de su vida.

No a hacerlos felices, ya que esto es imposible, pero sí a que descubran este propósito: “Feliz el que confía en Yahwéh”.[5]


[1] Salmo 1:1

[2] Frase acuñada por un Gurú Indio que condensa su filosofía de vida. Se hizo famosa al ser utilizada en una composición por el músico Bobby McFerrin.

[3] Proverbio 3:13

[4] Mateo 6:33

[5] Proverbio 16:20

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