Los Odres Del Mundo No Son Los Nuestros.

Por. Silvina Carrizo

¿Hay algo más lindo que llegar a casa, luego de la jornada laboral, y darse un buen baño?

Te deleitas con pensar en el agua calentita, especialmente, cuando estuviste un buen rato al aire libre y el frío logró penetrar hasta tus huesos.

Una vez en casa, sin olvidar dejar la toalla a mano, preparas las cosas necesarias para que todo resulte en el baño perfecto.

Ya bajo la ducha y cuando estás a punto de darte la segunda jabonada de cabeza: ¡zas! ¡se corta la luz!

El agua comienza a disminuir, el desasosiego te invade por unos segundos, pero te repones y apuras para enjuagarte, aunque no lo consigues… menos mal que dejaste la toalla a mano. 

De estos inconvenientes, conversábamos con nuestra hermana Eli, de lo que nos sucedió aquí en la cordillera y a ella en pleno Buenos Aires.

Aquí y allá los cortes de luz y también de agua se repiten y no resulta extraño que, a todas también la sorprendan como a mí, teniendo que terminar de sacarte el jabón haciendo maniobras con un jarrito y el chorrito insignificante de agua que sale por la canilla del lavatorio.

En la zona donde habito la nieve y el viento voltean árboles sobre el tendido eléctrico tooodos los inviernos, y en lugar de aprovechar el buen clima del verano para realizar la poda y fortalecer los tendidos, no se hace nada.

Cuando llega el invierno y se ocasionan las roturas no queda más remedio que hacer una transitoria reparación que por supuesto vuelve a fallar, produciéndose nuevos cortes de suministro.

De lo Cotidiano a lo Espiritual

Las situaciones de la vida cotidiana me conducen a relacionarlas con nuestro andar por el camino de emunáh (fe).

“Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo, porque el remiendo tira del vestido y la rotura se hace peor.”[1]

Esta actitud de poner parches y parches sobre parches en lugar de ocuparse en solucionar de raíz el problema, me hizo recordar la experiencia que tuve en una iglesia cristiana en donde la costumbre terminaba imponiéndose sobre la verdad.

Muchas de sus enseñanzas no tenían sustento escritural y, por otro lado, eliminaban y descartaban verdades que sí estaban escritas.

De la misma manera que el Municipio prefiere reparar una y otra vez la vieja cañería en lugar de reemplazarla por una nueva, allí sucedía algo similar.

Lo enseñado no podía ser cuestionado porque era considerado verdad absoluta y si se provocaba alguna duda (rotura del caño) se fortalecían las enseñanzas erróneas (reparación transitoria).

Había allí demasiados baches (los mandamientos quedaron en el madero, el hablar en lenguas, vamos al infierno, etc., etc.) y sobre ellos se tiraba tierra de manera que una y otra vez el bache afloraba y, una y otra vez, volvían a taparse con tierra en lugar de hacer un nuevo camino.

Siendo Odres Nuevos

“Tampoco echan vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rompen, el vino se derrama, y los odres se echan a perder. Más bien echan vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.”[2]

Cuando conocí el nombre del Creador fue como empezar a tirar del hilo en un tejido, un tejido doctrinal, hecho con todo lo aprendido en aquella iglesia, y que cuanto más tiraba del hilo más se destejía de costumbres humanas, prejuicios, supersticiones y miedos.

Se presentaba ante mí un vino nuevo y refrescante: el estudio de las Escrituras en el contexto hebreo de la fe.

Mi actitud requería deshacerse del vino viejo albergado en mí y yo misma, odre viejo también, requería convertirme en un recipiente nuevo.

Desaprender no es tarea sencilla ni de un día, ¡pero hay que hacerlo! si lo que se desea realmente es una nueva vida en el Mashíaj.

Así como los odres nuevos tienen buenas costuras para que no haya pérdidas y una apertura por donde llenar con vino; nuestro entendimiento tiene que abrirse a recibir lo que está realmente escrito de manera que se llene con la correcta voluntad de nuestro Creador y disponerse a retenerla para poder usarla.

Los nuevos odres están correctamente curtidos para no dar al vino un sabor desagradable; así nosotros tenemos que cuidar con diligencia en no dejar entrar otras enseñanzas que nos contaminen esta vez, con vino viejo de otro lagar.

¡Mantengamos nuestros odres nuevos para recibir siempre el mejor y abundante vino que trajo el Mashíaj! Shalom.


[1] Mateo 9:16

[2] Mateo 9:17

Mujeres Ayin
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1 comentario en “Los Odres Del Mundo No Son Los Nuestros.”

  1. Felicitaciones, hermana Silvina, por un artículo muy bien escrito.
    Yah la bendiga junto a su esposo y familia.

    Yosef

Los comentarios están cerrados.

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