Mirándonos En El Espejo.

Por: Silvina Carrizo

Esto que voy a contar quizás aún no lo has vivenciado, pero el espejo del automóvil no tiene compasión alguna.

No sé si es producto de la luz natural con la que te miras, pero la cosa es que ellos delatan, cuestiones de tu rostro que no se ven en otros espejos:

¡Pero si esas arrugas alrededor de mis ojos no estaban allí! ¿Y esas manchitas, cuando se hicieron?

Sin hablar del espejo retrovisor que me sorprendió en varias oportunidades mostrando que mi cuello ya no es tan lozano como lo recordaba.

Lo cierto es que vamos envejeciendo desde que nacemos, pero uno no se da cuenta de ello a los 30 años, tampoco se da cuenta a los 40, parece ser que los cambios son paulatinos.

Una arruguita aquí, otra por allá…pero no las vemos a medida que se van produciendo ¡hasta que parecen coincidir y aparecen todas juntas!

Me ha sucedido de encontrarme con personas que te dicen:

¡pero el tiempo no pasa para vos! ¡estás igual que la última vez que nos vimos!

Esto no deja de sorprenderme y molestarme un poco, porque… si nos vimos hace treinta años atrás ¡es imposible que yo esté igual!

También están las que te dicen: ¡pero si pareces de 40! Pero tengo 56

Y me pregunto, ¿qué hay de malo parecer una persona de 56?

Madurez Vs Juventud

¿Por qué razón la sociedad actual se empeña en sobreestimar la juventud en detrimento del paso del tiempo?

El mundo hace una sobrevaloración de la juventud a la que emparenta con la belleza y a la productividad.

Por esta razón resulta que el mercado de las cirugías plásticas crece tanto en el mundo, así como el de productos que retrasan el envejecimiento.

Las personas buscan ocultar la visibilidad del paso del tiempo como si fuese algo desagradable mientras la sociedad desacredita y desatiende a la vejez.

¿Qué me refleja el espejo de las Escrituras?

“La hermosura de los jóvenes es su poder y el esplendor de los viejos es su pelo blanco”[1]

Nuestro Creador comisionó grandes tareas a hombres que no eran jovencitos, sino que ya se encontraban en edad madura.

La juventud no era requisito indispensable en el currículo para el Creador como lo es para el mundo.

Nos habla de ancianos bendiciendo a sus generaciones siguientes; de ancianos juzgando sabiamente.

¿Acaso vemos a alguno de los enviados descansando en su vejez? Las escrituras nos muestran que estuvieron trabajando duramente hasta el final.

El proverbio dice que el esplendor de los viejos es su pelo blanco, entiendo que así mira Yahwéh Elohim a quienes maduran buscándole y conociéndole, tratando de andar en camino de justicia.

Y si de jóvenes hemos desperdiciado el tiempo, cuando comenzamos a envejecer es el momento donde más activos tenemos que estar para recuperarlo.

Siempre oro al Padre como el rey David: “no me abandones en el tiempo de mi vejez…”,[2] para que a medida que envejezca no pierda memoria de lo aprendido, que mis sentidos permitan seguir disfrutando en el conocimiento de su palabra y que pueda reflejar a otros sus bondades.

Como siempre el pensamiento del mundo busca extraviarnos.

Las arrugas no deben preocuparnos sino el perseverar hasta el final y si no tenemos la gran bendición de ver en esta vida al Mashíaj venir, escuchar que cuando nos levanten nos digan: “Bien hecho, sirviente bueno y fiel; sobre mucho te pondré. Entra en el disfrute de tu amo”[3].

Bendito sea Yahwéh, nuestro Elohim, en el nombre del Mashíaj Yahoshúa.


[1] Mishlé 20:29

[2] Tehilim 71:9

[3] Mateo 25:23

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