¿Mujeres Multitareas?

Por: Silvina Carrizo

¡Marta, Marta te afanas y te preocupas por muchas cosas!

Nosotras sabemos que podemos hacer varias cosas a la vez. Somos lo que se puede llamar “mujeres multitareas”. Podemos estar cambiando los pañales al bebé mientras cuidamos la comida en el fuego y le damos instrucciones a otro de nuestros hijos con sus tareas; ah! mientras tanto también podemos tararear una canción o contestar un chat, ¿o no es así? 

Resulta ser que las ahora famosas neurociencias dicen que esto es un mito, que no podemos prestar atención a dos cosas a la vez, a no ser que una de esas tareas sea automática como caminar, o subir una escalera. ¿Qué les parece?

Sea como sea la cuestión es que las mujeres hacemos muchas cosas y si trabajamos fuera de la casa nos pasa que cuando llegamos del trabajo queremos hacer todo lo que no pudimos, ¿les pasa?

En mis días de juventud vivíamos en el campo con mi esposo y las tres niñas. Yo trabajaba en la escuela durante la semana. Cuando llegaba el fin de semana quería hacer todo lo que no había podido hacer. Generalmente la realidad se imponía frente a mis expectativas.

Quino

La Experiencia Propia

Recuerdo un día domingo en que me levanté con pilas, como suele decirse: ese día quería hacer la limpieza profunda de toda la casa y cocinar algo con dedicación especial para la familia, planeando terminar con todo al mediodía porque para la tarde tenía otros planes. Claro, limpiar toda la casa involucraba, entre otras cosas, sacar la ceniza de las estufas, esto es: del hogar que estaba en el living, de la estufa de nuestra habitación, del termo tanque en el baño y de la cocina económica.

Sacar la ceniza significaba arrodillarse en el piso, meter el brazo hasta el codo en la estufa y arrastrar con una palita la ceniza hacia afuera para juntarla en un tacho grande. Si nunca lo han hecho, les cuento que esto produce un polvillo que sube hacia la cara y continúa subiendo hacia el techo hasta que finalmente cae por la ley de gravedad y sin compasión, sobre las lámparas y sobre cada mueble y adorno que encuentre a su paso.

Así que luego debes limpiar completamente todo con trapo húmedo y no les cuento cómo queda tu cabello, aunque lo cubras con pañuelo, y también tus ojos y tu nariz, aunque lo hagas mirando hacia otro lado y conteniendo la respiración.

Bueno, ese día me desperté muy dispuesta y confiada en poder hacerlo. Mientras tanto limpiaba, debí cortar el pan y calentar el agua para el té a las niñas que, aunque ya podían hacerlo solas, me había dispuesto mimarlas debido a que durante la semana laboral todo esto se hacía con otra dinámica. En eso estaba, saliendo con la ceniza para arrojarla en el compost y pasando el trapo y ya encerando el piso y prendiendo nuevamente los fuegos y poniendo a leudar el pan, cuando también me dispuse a pelar las papas porque ese día quería hacerles: ñoquis.

Quienes no saben, para hacer ñoquis deben usarse aproximadamente entre dos y tres papas por persona de acuerdo a sus apetitos. Nosotros éramos 5 de buen comer así que calculé pelar 15 papas medianas tirando a grandes. Mientras hervían, seguí con la limpieza y reparé que ya era mediodía. Aquí ya mi alegría inicial comenzó a decaer. ¿Cuándo comemos? escuché que alguien preguntaba.

Debía apresurarme a poner la masa leudada al horno para tener con qué mojar la salsita. Para este entonces yo ya tenía mis ropas sucias de cenizas, mis manos ásperas, mi pelo duro y empezaba a ponerme algo nerviosa porque ya me daba cuenta que sería imposible bañarme antes de almorzar.

Mis planes de la tarde quedaban atrás porque ya eran las dos y el olor a cera dentro de la casa se mezclaba con el olor a pan cosa que me empezaba a irritar un tanto. ¡Abran la puerta! pedí a las chicas; entonces entraron los perros y pisaron con sus patazas mi parquet encerado.

Por fin estaba frente a la mesada, harina espolvoreada por doquier, yo con cenizas aún en mi cabeza estirando los choricitos para cortar millones los ñoquis. Cada tanto había que alimentar el fuego de la cocina así que me debía lavar las manos llenas de engrudo para poder ponerme los guantes y meter más leña a la cocina, cosa que la enorme olla hierva.

A estas alturas, el humor de cuando desperté yacía en el compost con la ceniza porque todavía había que preparar la salsa. Mientras desmoldaba el pan puse el mantel en la mesa y finalmente logramos sentarnos a comer cerca de la hora de la merienda: todos ellos felices y hambrientos, se comieron dos platos enormes cada uno en apenas 15 minutos, ¡parecía que jugaban una carrera!  Y yo con ganas de llorar de lo infeliz que me sentía.

Lección Aprendida

Esto quedó como una anécdota familiar que solemos relatar cuando volvemos a encontrarnos los 5, las chicas ya con sus esposos y mi nieto.

Nos sirvió mucho para aprender a todas; ya que lo conversé con ellas en el tiempo: “no quieran hacer todo solas”; no se auto exijan ni exijan al otro a que hagan las cosas tan bien como las hacemos nosotras (jeje); es mejor compartir las tareas en la casa.

Propónganse disfrutar con la familia, aunque haya ceniza en las estufas, que el piso no brille y no hayan podido terminar de planchar toda esa pila de ropa.

Recuerden de aprovechar bien el tiempo en las cosas que realmente son valiosas como Miryam, la hermana de Marta. Y por sobre todas las cosas, no permitan que las tareas de la casa se les lleven su buen humor.

¡Disfrutemos! Shalom!

Mujeres Ayin
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3 comentarios en “¿Mujeres Multitareas?”

  1. Myriam eligió el ser y Marta el quehacer! Debemos estar atentas, porque las dos características son buenas en una sola persona, sabiendo elegir en qué momento aplicarlas!

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