Naomí y Rut

Por: Francy González

Tener que dejar su hogar y despedirse de su familia y amistades para establecerse en otro sitio, no debió haber sido fácil para Naomí y su familia.

Sin embargo, la necesidad que atravesaban en Yahudah debido a la hambruna de aquella ocasión, fue la fuerza que los movió a mudarse.

Sabiendo que en la tierra de Moav conseguirían suficiente alimento, ya que era una región que contaba con abundante agua, pues:

“se extendía desde el extremo norte del mar Muerto hasta el río Arnon”

(https://es.wikipedia.org/wiki/Moabitas).

Naomí tenía dos hijos varones, sus nombres eran Majlón y Kilyón; su esposo se llamaba Elimélekh. Todos eran de la tribu de Yahudah.

En Tierra Extraña

El relato bíblico no especifica cuánto tiempo pasó entre su establecimiento en Moav y la muerte de Elimélekh.

Tampoco detalla la edad de sus hijos, sin embargo, me hace pensar que no tenían edad para contraer matrimonio, pues de haber sido así hubiesen escogido esposas Yisraelitas preferiblemente.

Debido a la prohibición de casarse con mujeres extranjeras para evitar que incursionaran en la idolatría a la que estaban acostumbradas las otras naciones.

“No debes hacer una alianza con los habitantes del país, porque cuando ellos se apasionen tras sus deidades, y sacrifiquen a sus deidades y los inviten a ustedes, ustedes comerán de sus sacrificios. Y cuando ustedes tomen de entre las hijas de ellos esposas para sus hijos, las hijas de ellos se apasionarán tras sus deidades y provocarán que los hijos de ustedes se apasionen tras las deidades de ellas”[1]

Lamentos y Amarguras para la Familia

Un dato de tiempo, que sí encontramos, es cuando dice que pasaron como 10 años desde que sus hijos se casaron con las moavitas Orpah y Rut, hasta que ambos murieron.

Naomí se encontró más sola aún al no tener ni a su esposo, ni a sus hijos ni a familia alguna en ese lugar.

Ni siquiera tenía esperanzas de formar un nuevo hogar debido a que ya era demasiado vieja para casarse.[2]

A esas alturas de la vida, la tierra de Yahudah ya se había recuperado de la hambruna y contaba con la bondad de Yahwéh en su provisión de alimentos.

Esta buena noticia llegó a oídos de Naomí, quien decidió regresar a su pueblo seguramente para sentir apoyo de la familia que tenía allá.

La Despedida

La decisión de regresar a su tierra tampoco debió haber sido sencilla, en el sentido de que ella y sus nueras habían desarrollado una hermosa relación, la cual vemos reflejada cuando les tocó despedirse al separarse cada quien a las casas de sus padres y rompieron a llorar.[3]

Naomí, demostró tener un corazón dulce y nada egoísta al convencerlas de que regresaran a sus casas y buscaran otros esposos.

Aunque ellas no la querían dejar sola, Naomí las mandó con ternura, aplomo y con suficientes argumentos a rehacer sus jóvenes vidas y constituir un nuevo hogar.

Orpah entre lágrimas aceptó su consejo y se marchó, pero Rut se quedó.

Rut estaba tan resuelta a quedarse, que sus razones para hacerlo fueron mucho más fuertes que todo lo que les dijo Naomí para que regresaran a su pueblo y a sus deidades.

Declaración de Fe

La declaración de Rut fue como un voto de fe ante el Elohim de Yisrael y de lealtad a Naomí, cambiando así de pueblo, de fe y de familia.

El lazo que unían a estas dos mujeres fue más allá que el de suegra y nuera, pasaron a ser madre e hija.

Con una confianza genuina, conformaron un hogar donde Rut aprendió sobre las leyes divinas, como la del pariente redentor[4] y la de la cosecha, entre otras.

También cuando se debía dejar producto para el pobre y el extranjero.[5]

De Nuevo en Casa

Naomí ejerciendo su papel de madre hacia Rut, le dice que tiene que  buscar un hogar para ella, es decir, buscarle un esposo.[6]

En la antigüedad, los padres se encargaban de seleccionar una novia para sus hijos.

En el libro de “Usos y Costumbres de las Tierras Bíblicas” de Fred H. Wight, encontramos la razón de este proceder en la página 134:

“Razones para este privilegio paternal. ¿Por qué los padres han insistido en el derecho de seleccionar las novias para sus hijos? Porque la novia tenía que venir a ser un miembro del clan del novio, y por eso toda la familia estaba interesada en saber si ella convendría o no. Hay evidencia de que al menos el hijo o la hija debían ser consultados. A Rebeca se le preguntó si deseaba ir para ser la esposa de Isaac (Gen. 24:58). Pero los padres sentían que ellos tenían derecho para hacer la elección.”

Y en seguida Naomí le dice a Rut: “Ahora, ahí está nuestro pariente Bóaz, con cuyas criadas has estado…”[7]

Es tan agradable destacar la expresión nuestro pariente, confirmando a Rut como parte de la familia de la tribu de Yahudah.

Un Nuevo Comienzo, Una Nueva Familia

Luego sigue una serie de consejos hacia su hija para hallar gracia ante su pariente con la finalidad de que las redima.

La historia termina de manera consoladora, después de haber iniciado con una serie de padecimientos de hambre, muerte, soledad y fuera de su propia tierra.

Ahora Naomí es una mujer bendecida en su tierra, llena de años y con nuevos miembros en su familia:

Una hija leal, un yerno noble y un nieto de cuya descendencia saldría el Rey David.

Línea por la cual vendría el Redentor de todos los que nos acercamos confiadamente a Él como nuestro hermano mayor, ¡Yahoshúa HaMashíaj!!!


[1] Éxo. 34: 15-16

[2] Rut 1:12

[3] Rut 1:9

[4] Lev. 25:25

[5] Lev. 23:22

[6] Rut 3:1

[7] Rut 3:2

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1 comentario en «Naomí y Rut»

  1. Hermana Francy, que hermoso tema, amor y lealtad.
    Gracias por traer a nuestra memoria, acto tan bueno de parte de la joven Rut.
    Shalom, un abrazo, aún a la distancia

Los comentarios están cerrados.

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