Portamos un Arma Destructiva

Por. Joshua Hansen

Conozco a un hombre que tiene un negocio donde los clientes tienen la opción de comprar artículos a crédito. Las cuotas son diarias, semanales, quincenales o mensuales. Generalmente esa clase de negocios deja al propietario con una gran cantidad de clientes que no pagan. Pero este señor prácticamente no tiene deudores.

Él me contó que usa una de las armas más poderosas que hay en el mundo para cobrar, y no es una amenaza de bomba atómica.

Tampoco es como el mafioso Tony Gazzo quien en la ficción contrató a un Rocky Balboa para cobrar sus deudas.

Es un arma que, según él, está en todo ser humano y puede ser usada en su contra.

Un Arma Autodestructiva

Esta arma destructiva es simplemente el ego. Todos tenemos ego. Algunos más, algunos menos.

Pero ciertamente lo tenemos porque somos humanos. Es el ego el que se quiere sentar en el trono de nuestras vidas y tomar las riendas de nuestros caminos y decisiones.

Pero, ¿cómo hacía este hombre para usar el ego y lograr que sus clientes reacios a pagar paguen sus deudas con ánimo, buscando reconciliación, pidiendo disculpas y hasta humillándose?

Él me contó que hace lo siguiente:

Al ver que la persona no cumple su compromiso de pago de manera premeditada, empieza a hablar y a hacerle llegar por otras personas de su alrededor lo que él hace con las personas que le deben.

Por ejemplo, dice que va a llegar con un megáfono en el mercado gritando que esa persona le debe para que todos se enteren.

O que va a ir a su casa a pedir que pague su deuda frente a sus familiares e incluso con voz alta para que se enteren los vecinos y sepan que es un incumplidor.

En realidad, casi nunca llega a hacer eso del megáfono, ni siquiera tiene uno. Ni suele ir a contar sobre la deuda a sus familiares y vecinos.

Pero los deudores, al enterarse, no esperan mucho para arreglar su situación y pedir una tregua.

Todo eso se debe a que ellos, al igual que todos, tienen ego.

La palabra ego proviene del latín que significa simplemente “yo”. Y como generalmente el “yo” de los deudores no quiere ser avergonzado, ni humillado, ni expuesto frente a los demás como incumplidores, generalmente hacen todo lo posible para que nadie les quite su buena reputación frente a los demás, aunque esa reputación realmente no sea buena.

Ese ego no simplemente actúa en casos como estos. Sino que es una constante en nuestras vidas.

Puede realmente destruir las metas que nos proponemos en la vida. La mayoría tenemos buenos ideales hasta que llega un atajo que nos ofrece lo que deseamos a corto plazo.

Las Cuatro P

El ego es lo que nos lleva al camino de las 4 Pes: poder, prestigio, placer y plata. Y en el caso de nosotros los creyentes, el ego es el que nos aleja de los planes corporativos de Elohim.

Porque vemos a través de las Escrituras que él trabaja con el cuerpo de creyentes.

Él trabaja con una familia, con un grupo de familias, con un pueblo, con los pueblos, con una nación y con las naciones.

Por lo tanto, nuestra visión debe enfocarse en estar unidos siguiendo el propósito que Elohim nos encomendó dentro de este gran plan.

La altivez y la soberbia son evidencias de una autoestima excesiva, que puede dañarnos y desviarnos completamente de los caminos de Elohim. 

Y las decisiones que tomemos bajo el control de nuestro ego afectarán ineludiblemente a los que nos rodean.

“Así que, hermanos, no estamos obligados a satisfacer la naturaleza carnal para seguir sus inclinaciones. Porque si siguen las inclinaciones carnales morirán; pero si por el espíritu hacen morir las prácticas carnales, vivirán.[1]

Una Vida con Propósito

En contraste, la humildad de reconocer que tenemos debilidades y limitaciones nos ayuda a no sentirnos protagonistas de nuestro propio destino, sino entender que estamos aquí para cumplir una misión superior a la misión personal.

Cuando el anciano rey Dawid huía de Jerusalén por una conspiración de su hijo para poseer el reino, nos dice que:

“Cuando se acercaba el rey Dawid a Bajurim, salió de allí un miembro del clan de Shaúl un hombre llamado Shimí hijo de Guerá profiriendo insultos mientras salía. Le arrojó piedras a Dawid y a todos los cortesanos del rey Dawid, mientras todas las tropas y todos los guerreros estaban a su derecha y a su izquierda. Y estos eran los insultos que profería: “¡Fuera, fuera, criminal, perverso! Yahwéh te está pagando por todos tus crímenes contra la familia de Shaúl, cuyo trono arrebataste. Yahwéh le está entregando el trono a tu hijo Avshalom; y tú estás en problemas porque eres un criminal”.

Avishay, hijo de Tseruyah, preguntó al rey: “¿Por qué hay que permitir que ese perro muerto maldiga a mi amo el rey? ¡Déjeme ir a cortarle la cabeza!” Pero el rey dijo: “¿Qué tiene esto que ver con ustedes, hijos de Tseruyah? Él [me] está maldiciendo solamente porque Yahwéh le ha dicho que maldiga a Dawid; y ¿quién le dirá: ‘¿Por qué haces eso?’” Dawid les dijo además a Avishay y a todos los cortesanos: “Si mi hijo, que ha salido de mí, busca matarme, ¡cuánto más ahora el binyaminita! Déjenlo que maldiga, porque Yahwéh se lo ha dicho. Quizás Yahwéh mire mi castigo y me recompense Yahwéh por las maldiciones que [Shimí] ha proferido hoy”.[2]

Quizá una sencillez como la del rey Dawid nos haga ver fracasados ante un mundo lleno de ególatras, pero no hay necesidad de ser notados para lograr cumplir objetivos realmente trascendentes.

Hay bastos ejemplos de personas tanto en la Biblia, como fuera de ella que han logrado cambios excepcionalmente positivos en el mundo de rodillas en oración, o lejos de la mirada del mundo.

Al saber que soy parte de un plan superior de Elohim, no tengo miedo de tener honestidad ante los que son parte de ese plan también.

Si fallo, mi ego no debe ser superior como para ocultarlo ante Elohim ni ante los demás.

Venciendo mi Ego

Y este camino es mucho mejor cuando nos ponemos a los pies del Maestro a tomar nota y hacer las tareas. Porque finalmente somos aprendices.

No podremos saber todas las cosas, así que es mejor asumir que no somos expertos en un asunto, aunque lo hayamos estudiado miles de veces.

Recordemos que estamos muertos para las obras de la carne. Un muerto no siente nada.

No responde a las burlas, ni a las críticas, ni al menosprecio, ni a las tentaciones. Un muerto no se ofende ni busca venganza. No es altivo, ni engreído, ni busca escalar posiciones.

Así debemos ser para con las obras de la carne, estar muertos.

Estando en esa condición, lograremos refrenar a nuestro ego por el poder del espíritu de santidad y lograremos avanzar junto con la multitud de creyentes piadosos del Reino de Yahwéh.


[1] Rom.8:12-13 VIN2011

[2] 2Sam.16:5-12 VIN2011

Colaboradores
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1 comentario en «Portamos un Arma Destructiva»

  1. Shalom hno. Gracias por su articulo. Gracias a Yahweh Avinu por lo q nos permite hacer, en el Nombre sobre todo nombre Yahoshua nuestro maestro.

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