RAJEL

Por: Francy González

Una hermosa tarde primaveral o posiblemente un cálido día de verano, cuando era posible llevar a las ovejas a tomar agua, se daban cita un grupo de pastores con sus rebaños frente al pozo, en el campo de Jarán.

Todos se ponían de acuerdo para ayudarse entre sí, ya que, para poder abrevar a sus ovejas, tenían que quitar la gran piedra que tapaba el pozo.

Fue una bendición para Yaaqov ver al grupo reunido, después de su largo viaje desde Canaán, pues necesitaba llegar hasta donde su tío Labán; así que se dispuso a preguntarles por él, luego de saludarlos. Sí, efectivamente lo conocían, especialmente porque era el padre de una de sus compañeras de oficio, quien justamente se acercaba a ellos con el rebaño de su padre ya que Rajel era pastora.[1]

Rajel tuvo que haberse impresionado cuando vio que Yaaqov se dirigía tan resolutamente hacia el pozo y quitó la gran piedra para abrevar a sus ovejas. Seguramente sus miradas fueron suficientes para darse cuenta de lo que afloraba simultáneamente en sus corazones.

Puedo imaginar a los pastores hablando sobre su parentesco, mientras ellos escuchaban sin apartarse las miradas entre sí. Se puede notar el cariño manifestado cuando “… Yaaqov besó a Rajel y rompió a llorar.”[2] 

Inicio de una historia de amor

Luego de que Yaaqov pasara un mes compartiendo con la familia, la hermosa Rajel escuchó con emoción como él estaba dispuesto a hacerla su esposa al oír a Yaaqov decirle a su padre que serviría a Labán siete años por ella.

Este servicio se puede tomar como pago de una dote al querer contraer matrimonio con ella y debido a que Yaaqov llegó a Jarán sin posesiones, es de suponer que no tenía cómo dar la dote adecuada para tener a su amada como esposa.

“En el  Oriente, cuando los padres de la novia dan a su hija en matrimonio, están ciertamente disminuyendo la eficiencia de la familia. A menudo las hijas solteras atienden el ganado de sus padres (Ex. 2:16), o trabajan en el campo, o prestan su ayuda de otras maneras. Así, sobre el matrimonio, se pensará de una joven que está aumentando la eficiencia de la familia de su esposo y disminuyendo la de sus padres. De allí que un joven que espera tomar posesión de la hija debe estar en condiciones de ofrecer alguna compensación adecuada. Tal compensación sería la dote del matrimonio. No siempre se requería que la dote se pagase al contado; podía pagarse con servicios. Como Jacob no pudo pagar de contado, dijo: “Te serviré siete años por Raquel” (Gen. 29:18).”

USOS Y COSTUMBRES DE LAS TIERRAS BÍBLICAS página 136,

Parecía todo un sacrificio para unos enamorados esperar tanto tiempo. Sin embargo, a Yaaqov le pareció “… sólo unos pocos días, de tanto que la amaba.”[3]

Grande sería la sorpresa de Rajel, cuando la noche de bodas se dio cuenta de que en vez de ser ella la hermosa novia que debería ser trasladada al aposento de su amado, vio que llevaban a su hermana con el velo en su rostro para ser desposada.

Esa noche tuvo que haber sido de gran amargura para su corazón enamorado. Y su tristeza no acabaría al amanecer, ya que Labán le exigiría a Yaaqov trabajar otros siete años por Rajel, su hija menor, para entregársela a la semana siguiente como su esposa.

De la ilusión a la competencia

Después de todo, Rajel seguramente era muy feliz al sentirse tan amada por su esposo. Mas al transcurrir el tiempo, veía que su hermana Leah le daba hijos a su esposo y ella no lograba quedar embarazada. Esto le causó gran impotencia y le reclamó a su esposo como si de él dependiera su fertilidad.

Ver que su hermana tuviera hijos y ella no, le causaba envidia, por eso acudió a la costumbre oriental de dar a su esclava como esposa a su marido para tener hijos a través de ella, así le dio a Bilhah.

De tal manera que Rajel tuvo dos hijos por medio de ella y les puso por nombre Dan y Naftalí. Este logro dejó asomar otra característica en Rajel, la competitividad con su hermana.[4]

En el fondo, el problema de la esterilidad no estaba resuelto y Rajel seguía inquieta tratando de resolverlo por sus propios medios, hasta con algún remedio natural empleando las mandrágoras que había cosechado Reubén, su sobrino. “Se creía en la antigüedad que esa planta contribuía a la fertilidad femenina.”[5] Mientras tanto, Leah seguía teniendo hijos de Yaaqov.

Un Hijo: bendición y esperanza

Tiempo después Elohim hizo fecunda a Rajel y tuvo a Yosef, de su propio vientre. Así sintió Rajel que Yahwéh Elohim le había quitado su desgracia y le pidió que le diera otro más.

Un largo viaje a casa

Cuando llegó el momento de que Yaaqov regresara a la casa de su padre, Rajel lo apoyó y se fueron todos, la gran familia partió junta hacia Canaán.

Ella no dudó un instante irse sin avisar a su padre sobre el plan de salida, pues pensaba que Labán no había sido justo al quedarse con el precio de la dote.

Se cree que ella “hurtó los ídolos de su padre, porque al parecer era costumbre en su tierra que el que poseyera esos ídolos tendría derecho a la herencia en caso de muerte del padre de familia.”[6]

Cuando Labán salió a buscar a sus hijas y nietos, acusó a Yaaqov de haber robado sus ídolos y se dispuso a encontrarlos y hacer pagar a quien los tuviera. Nadie sabía que Rajel los tenía y haciendo uso de su astucia, los escondió sobre la montura de su camello y se les sentó encima, excusándose ante su padre de no poder levantarse por tener el período de las mujeres.

Luego de todo ese viaje y de haber conocido a su cuñado Esaw y a su familia, Rajel nuevamente concibió de su amado esposo. Estando en camino hacia Betel, le vinieron los dolores de parto y tuvo que ser atendida cerca de Efrat.

Este parto fue muy doloroso para ella y según el relato descrito, se puede percibir su dificultad. La comadrona que la atendía trató de darle ánimos diciéndole que no tuviera temor, que era otro varón.

Pero Rajel aguantó hasta su último aliento para verlo y pronunciar su nombre: “Benoní, hijo de mi dificultad.”


[1] Gn.29:9

[2] Gn.29:11

[3] Gn.29:20

[4] Gn.30:8.

[5] NUEVO DICCIONARIO BÍBLICO CERTEZA

[6] Idem

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