RIVQAH

Por: Francy González

Parecía un día como cualquier otro, un hermoso atardecer cuando las jóvenes salían alegres y entusiastas con sus cántaros, a recoger agua de la fuente. Ellas tenían la responsabilidad de “acarrear el agua necesaria para los usos de la familia.”

*(Usos y Costumbres de las Tierras Bíblicas. Pg. 316)

Aram Naharayim, (Mesopotamia) ciudad de Najor, Padán Arám era la zona donde vivían. Parecía ser una tierra de muchos manantiales ya que la circundaban varios ríos. Posiblemente la ciudad estaba siendo surtida de agua a través de un túnel por el que se tenía que descender, haciendo necesario bajar, llenar los cántaros y subir.[1]

Esa tarde llegó al lugar un hombre con 10 camellos que transportaban una pesada carga, los hizo arrodillar junto al pozo para tomar un descanso. Allí el hombre elevó una oración al cielo pidiendo una señal al Todopoderoso, para que le indicara cuál, entre aquellas doncellas, era la que iba a ser la esposa del hijo de su amo.

La señal que pedía era muy específica: la joven indicada por Elohim, no debía negar darle agua cuando le pidiera un poco. Esta acción quizás la haría cualquiera de ellas que dispusiera de un buen corazón. Así que le pidió algo más preciso: que también le ofreciera agua para sus camellos.

Considerando que eran 10 camellos, la joven tendría que bajar al manantial varias veces para abrevar a estos animales, lo cual no era una tarea sencilla.[2] Para que un camello se sacie de agua, debe beber unos 95 litros aproximadamente.

Buscando a la Novia Elegida

Estando concentrado en esta oración, vio de repente que pasaba cerca una de las jóvenes subiendo del manantial con su cántaro lleno. En seguida le pidió agua. Ella accedió a bajar su cántaro, sin titubear, para que bebiera y, además, se ofreció a darle agua a sus camellos, no tan solo un poco, sino “hasta que se sacien”[3]

El hombre observaba su arduo trabajo, especialmente la manera alegre que lo hacía, con disposición en su corazón. Mientras la observaba, se preguntaba si sería ella la señalada por Yahwéh para ser la esposa ideal del hijo de su amo.

Cuando la joven terminó, él pudo comprobar que sí era la indicada. Con determinación sacó algunas prendas para regalarle y preguntarle sobre su familia y si podía ser huésped en su hogar.

La respuesta no pudo ser más emocionante, pues resultó ser de la misma familia de su amo. Además, esta hermosa joven le contó que había “mucha paja y hierba en casa, y también lugar donde pasar la noche”.[4]

Su nombre era Rivqah, hija de Betuel. Una mujer bondadosa y trabajadora. De decisiones firmes y de fe. Cuando se le consultó si debía irse con ese hombre para aceptar a Yitsjaq como su esposo, ella respondió con un absoluto “Iré”.[5]

No le quedarían dudas de que era la voluntad de Yahwéh que se uniera con Yitsjaq, al escuchar la historia completa de los labios de aquel hombre, cuando confesó ante toda su familia la petición de oración hecha al Hacedor de todo, para que le indicara la esposa que le tenía asignada al hijo de Avraham.

La forma tan impresionante como el Elohim bendito dio respuesta a su petición, reafirmó su fe; por eso no dudó atravesar todo el camino hacia Keenán con un desconocido, para conocer al que Elohim había escogido como su esposo. Cuando ese hombre, el siervo de Avraham, recibió de Rivqah una respuesta tan segura, habrá recordado el momento en que su amo le había dicho de Yahwéh: “él enviará a su mensajero delante de ti, y tú conseguirás de allá una esposa para mi hijo”.[6]

En Marcha hacia el Nuevo Hogar

Esta hermosa mujer, hermana e hija muy amada, fue despedida por su familia a pesar de que no querían que se fuera enseguida, pues deseaban compartir con ella unos diez días más. Pero el hombre tenía prisa por cumplir con lo que le había jurado a su amo. Así que como no tenían cómo impedirlo, le dieron la bendición más hermosa que una futura madre pueda recibir, el tener muchos hijos y que sean personas de bien y exitosas y valientes.[7]

Luego de atravesar aproximadamente 800 kilómetros, llegando al anochecer, detuvieron el viaje. Rivqah observó que un hombre se acercaba directamente hacia ellos y se desmontó del camello para preguntarle al siervo de Avraham, si sabía quién era ese hombre que venía. La respuesta confirmó lo que su corazón le decía y en seguida se puso su velo, como era propicio en su época al contraer matrimonio.

“Al ir de la casa de la novia a la del novio, ella dejaba su cabello suelto flotando, y su cara estaba cubierta con un velo.”

(Usos y Costumbres de las Tierras Bíblicas, pág. 142).

Fue una mujer muy amada por su esposo y que correspondía fielmente su amor, mostrándose comprensiva al contribuir con el consuelo que él necesitaba por haber sufrido la pérdida de Sarah, su madre.

Al igual que su suegra, Rivqah era estéril. Ella y su esposo pusieron sus ruegos delante del Todopoderoso, pidiéndole que le permitiera tener hijos.  Pasaron 20 años y quedó embarazada. Su gestación transcurrió tranquilamente, hasta que sintió en su vientre fuertes dolores debido a los movimientos constantes de su bebé. Esto la hacía sentir tan mal, que le inquirió a Yahwéh sobre su insoportable vida. Elohim en su bondad le dijo que tenía gemelos y con esta declaración, le reveló el significado de la división que llevaba en su vientre, para el futuro.

Madre y Ejemplo

Fue una madre valiente y amorosa, enseñaba a sus hijos las tareas del hogar y especialmente, del arte de cocinar bien. Quizás por eso su corazón se inclinaba un poco hacia Yaaqov que se destacó por preparar un delicioso guiso rojo.

A pesar de haber pasado el tiempo, ella se mantenía muy hermosa, tanto que cuando tuvieron que viajar a Guerar debido a un gran hambre que hubo, Yitsjaq se vio en la necesidad de decir que ella era su hermana, mintiendo para así salvar su vida.[8]

Se establecieron en esa tierra y prosperaron, aunque tuvieron que afrontar algunas dificultades con los que vivían en aquella región. No fue nada fácil, pero lo que le trajo mucha tristeza al corazón de estos esforzados progenitores, fue que su hijo Esaw, contrajo matrimonio con dos mujeres hititas, quienes “…fueron un motivo de amargura para Yitsjaq y Rivqah.”[9]

Los hititas “tenían muchos dioses, a quienes ofrecían alimentos, bebidas, animales y hombres en sacrificio, y eran muy dados a la magia y la adivinación.”

(NELSON, Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia).

Mucho tiempo después, cuando Rivqah estaba avanzada en edad, escuchó como su esposo le contaba a su hijo mayor la idea de darle la bendición antes de morirse.

Esto quería decir que su amado Yaaqov se quedaría sin el apoyo de Elohim para su bienestar y prosperidad, y el recibimiento de sus bienes. Ejecutó un plan infalible para engañar a Yitsjaq, aprovechando que ya le fallaba la vista. Yaaqov le obedeció en todo, pues era costumbre respetar a su madre.

Ella lo logró, le robó la bendición de su hijo menor. Probablemente al momento de haber visto a Yaaqov siendo bendecido por su padre y haber escuchado cuando le dijo: “Que los pueblos te sirvan, y las naciones se postren ante ti; sé el amo de tus hermanos, y que los hijos de tu madre se postren ante ti…”[10] , Rivqah haya recordado cuando Elohim le dijo que el mayor serviría al menor.

El regocijo de su éxito no duraría mucho tiempo, cuando se enteró de la reacción de Esaw al querer matar a su hermano, apenas muriera Yitsjaq.

Una vez más Rivqah demostró su habilidad para desarrollar estrategias que se encaminaran en cumplir los deseos de su corazón, a la vez que se cumplían los planes del Todopoderoso. Se acercó a su esposo para pedirle que enviara a Yaaqov a buscar esposa a Padán Aram, a la casa de su propio linaje y evitar que cometiera el mismo error de su hermano al casarse con las hititas.

El dolor de despedir a su hijo, no pudo haber sido nada fácil. Aunque su esperanza era volverlo a ver cuándo la furia de su hermano se calmara, no se sabe si alcanzó a cumplir tan soñado anhelo, pues sobre su muerte no se mencionan detalles, sólo que fue sepultada en la cueva de Makhpelah.


[1] Gn.24:16

[2] Gn.24:20

[3] Gn.24:19

[4] Gn.24:24

[5] Gn.24:58

[6] Gn.24:7

[7] Gn.24:60

[8] Gn.26:7

[9] Gn.26:35

[10] Gn.27:29

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