Timoteo.

Por. Marcos Martorelli

Sirvan de ejemplo para el proverbio que dice:

“Que te alabe la boca de otro, no la tuya, los labios de un extraño, no los tuyos”

Los escritos y lo que puede inferirse de las palabras del enviado Shaúl sobre el joven Timoteo.

¡Y es un gran halago que sea el mismo Shaúl quien lo haga!

No nos deja Timoteo escritos y tampoco hay en las Escrituras el detalle de sus hechos, pero son más que suficientes las palabras del enviado para que podamos ver a un hombre que, aun siendo muy joven, guardó en todo su andar el buen ejemplo de un verdadero servidor.

Mi lectura no había reparado antes en el tipo de persona a la que fueron dirigidas estas cartas de enviado Shaúl; por eso mi intención, es destacar aquellos rasgos de Timoteo que lo hacen merecedor de lo que de él se dice, un hombre virtuoso en la fe, digno de ser considerado por los jóvenes y también por quienes ya peinamos canas.

¿Cuáles Son Esos Rasgos?

El enviado Shaúl con el gran poder de la rúaj haqódesh que obraba en él, supo discernir que Timoteo tenía una fe auténtica.

Fe respaldada por las buenas obras por las que era reconocido por los hermanos en Listra, ciudad donde habitaba.[1]

Y por los comentarios que trascendían, alcanzando buena reputación en Iconio, ciudad distante a un poco más de 30 km de allí. 

A pesar de ser griego de nacimiento, era judío por vía materna.

Por lo que Shaúl lo circuncidó, solo a efecto de que pueda acompañarlo en sus viajes.[2] Timoteo soportó la aflicción física que esto provocaba, por causa de la obra y poder así entrar en las sinagogas sin ser de tropiezo.

Porque, como dijo el mismo Shaúl, la verdadera circuncisión y la que cuenta, la del corazón, ya había sido efectuada en Timoteo, quién había nacido de nuevo en el Mashíaj.

Formado en la Toráh desde niño, por su madre y su abuela, supo reconocer al Mashíaj escuchando el testimonio por boca de Shaúl, quien lo haría discípulo para el servicio.

Un Joven Al Servicio De Elohim

Timoteo, es de esos hombres cuya fe es tal que cuando es llamado no retrocede para mirar alrededor.

No se deja llevar ni por el temor ante un entorno social opositor a la fe que profesa, ni por las sensualidades habituales de la juventud, ni por su ego, sino que cuando es llamado no duda y dice: ¡Hineni! ¡Aquí estoy!

Quince años, aproximadamente, estuvo recibiendo instrucción y directivas del enviado Shaúl demostrando firmeza en su andar, en obediencia, en humildad, en sencillez; mostrando buena conciencia por la fe recibida y no la del mundo, y una fe no fingida.

Dice Shaúl que muchos otros se habían perdido por no tener este carácter, desviándose del amor y cayendo en hipocresía, “queriendo ser maestros de la ley, sin entender lo que hablan ni lo que afirman con tanta seguridad”. 

Aprendió del apóstol hasta alcanzar una madurez espiritual tal, que fue encomendado a ministrar, siendo tan joven, a hombres mucho mayores en edad que él.

Así también como a exhortar a los Ancianos de las asambleas, para mantener la sana doctrina y luchar contra aquellos varones que querían arrastrar a los discípulos a ir tras ellos y perderse.

Líder Destacado Y Respetado

¿Cómo pudo alcanzar ese lugar de distinción? Porque su propia vida y conducta lo permitieron.

“Como hijo a padre ha servido conmigo en la buena noticia”,dice Shaúl, y lo reconoce como “un verdadero hijo en la fe”, un hijo obediente, compañero de milicia, palabras que dan cuenta, además, de la confianza y el afecto fraternal que se profesaban mutuamente.[3]

No cabe duda que llegó a ser “ejemplo para los fieles en el hablar, en conducta, en amor, en fe, en pureza”y supo rechazar los cuentos falsos y enseñanzas no conformes a las palabras del Adón Yahoshúa, manteniéndose en el camino de la justicia, de la piedad y la mansedumbre.

Shaúl pone a Timoteo a su misma altura, al encabezar varias de sus cartas con su nombre junto al joven y presentándose ambos como: “siervos del Mashíaj Yahoshúa.”[4]

A los Filipenses les escribe manifestando su interés por enviarlo a ellos, destacando: “no tengo a nadie que se interese en ustedes con tanto ánimo y sinceridad. Porque todos buscan sus intereses personales, no lo que es de Yahoshúa el Mashíaj.”[5]

Evidencian sus palabras que Timoteo a pesar de ser tan joven, no buscó lo suyo, sino que se negó a sí mismo en el servicio a la verdad.

Siendo enviado a los Corintios, Shaúl lo llama “mi hijo amado y fiel maestro”[6] y el mismo apóstol declara que su presencia entre ellos era como si él mismo estuviese allí diciéndoles que él ” les recordará mi proceder en el Mashíaj Yahoshúa, tal como lo enseño por todas partes en todas las congregaciones.”[7] Tal es la reputación de Timoteo.

Batallando Por La Obra

Finalizando, deseo mencionar un par de detalles más:

El joven Timoteo también estuvo en prisión, fue encarcelado a causa de hablar verdad.

Sabemos que además anduvo frecuentemente enfermo por sus problemas de estómago, así que debió batallar en la obra, aún con dolencias en su cuerpo, una cuestión que no sería nada liviana para muchos de nosotros.

El entorno político en el que le tocó vivir le fue contrario en todo, ya que la persecución desde el Imperio hacia el pueblo de Elohim se acrecentaba violentamente. 

Pero, así y todo, Timoteo perseveró trabajando duramente y soportó fielmente las pruebas empeñándose en avivar como le recomendó su mentor, “el espíritu de amor y de dominio propio” que le había sido dado por Yahwéh Elohim.

Sirva aún hoy para nuestras vidas el testimonio de este servidor para alentarnos en la buena obra.


[1] Hc.16:1

[2] Hc.16:3

[3] 1Tes.3:6

[4] Fil.1:1; 1Ts.1:1; Col.1:1

[5] Fil.2:19-21

[6] 1Cor.16:10

[7] 1Cor.4:17

Colaboradores
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1 comentario en “Timoteo.”

  1. Excelente artículo sobre Timoteo, hermano Marcos; bien escrito y ameno. Lo felicito. Que se repita.

    Yosef Álvarez; Puerto Rico.

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