Transforma tu tierra

Cuando estudiamos las Fiestas de Yahwéh en la Toráh, los primeros cinco Libros de las Santas Escrituras, aprendemos que el Todopoderoso Yahwéh sacó al pueblo de Yisrael de la esclavitud en Egipto, hecho que se recuerda con la celebración de Pésaj, y lo condujo 40 años por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida a los Patriarcas Avraham, Yitsjaq (Isaac) y Yaaqov (Jacob). En esa Toráh instruyó al pueblo con celebraciones que están netamente relacionadas con la agricultura de la tierra. Las instrucciones o mandamientos relacionados con el trabajo de la tierra se aplicarían cuando llegaran a la llamada “tierra de Kenáan“, la cual estaba habitada por 7 naciones distintas. Y está escrito:

Háblale al pueblo yisraelita y dile: Cuando crucen el Yardén hacia la tierra de Kenáan, desposeerán [expulsando] a todos los habitantes del país; destruirán todos sus objetos con figuras; destruirán todas sus imágenes fundidas, y demolerán todos sus lugares de culto. Y tomarán posesión de la tierra y se establecerán en ella, porque les he asignado la tierra a ustedes para que la posean.Núm 33:51-53 (VIN)

Kenáan” era la tierra que el Pueblo de Yisrael conquistó de la mano del caudillo Yahoshúa hijo de Nun. Para ello tuvieron que expulsar de esa tierra 7 naciones paganas e idólatras, de acuerdo a la Voluntad del Todopoderoso. La raíz hebrea de la palabra “Kenáan” es “kaná“, que significa doblegar, humillar, quebrantar, someter.

Yisrael”, el Pueblo escogido de entre las naciones para que sea santo como lo enseña Yahwéh (cumpliendo Sus Mandamientos), puede traducirse como “gobierna como poderoso celestial”. Pero el mensajero celestial que luchó con Yaaqov, y fue vencido por este, lo bendijo con ese mismo nombre dándole el significado como está escrito:

Dijo él [mensajero]: “No te llamarás más Yaaqov, sino Yisrael, porque has luchado con seres divinos y humanos, y has vencido”.Gén.32:28 (VIN)

La primera parte de la palabra compuesta, “Yisra”, proviene de “saráh”, y puede significar prevalecer, luchar, poder, gobierno. La siguiente partícula “el”, se refiere a un poderoso celestial. Bien, ¿A dónde queremos llegar con todo lo dicho hasta ahora?
Cuando el pueblo de Yisrael llegó a la tierra de Kenáan tuvo que trabajar mucho para limpiarla, expulsando a sus habitantes y destruyendo todo elemento usado para idolatría o pagano. Había que purificar esa tierra desde cero. Podemos darle al elemento “tierra” el significado simbólico de “espíritu”. ¿Por qué? Veámoslo analizando primeramente lo siguiente:

Aquel día Yahoshúa salió de la casa y se sentó junto al mar. Y se le acercó mucha gente, de manera que él entró en una barca para sentarse, y toda la multitud estaba de pie en la playa. Entonces les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: “Una vez un sembrador salió a sembrar. Mientras él sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y se la comieron. Y otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó rápidamente, porque la tierra no era profunda. Pero cuando salió el sol, se quemó; y como no tenía raíz, se secó. Y otra parte cayó entre los espinos. Los espinos crecieron y la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra y dio fruto, una a ciento, otra a sesenta y otra a treinta por uno. El que tiene oídos, que oiga”.Mat.13:1-9 (VIN)

Como luego explica el Mesías Yahoshúa, esta parábola se refiere a cuatro tipos de oyentes de la Palabra de Yahwéh. Sin embargo, también esta interpretación puede relacionarse con lo que hablamos al principio de este estudio. La tierra de Kenáan puede incluir tres de los cuatro tipos de tierra donde puede caer la semilla. Estas son: la tierra del “camino”; la tierra con “pedregales”; la tierra con “espinos”. Las 7 naciones idólatras o paganas pueden simbolizar todo tipo de tierra que no es fértil para que la Palabra de Yahwéh germine y de buenos frutos. Yisrael debía trabajar para cambiar esa tierra para poder habitarla, aunque no significaba que esa tierra era un desierto, sino al contrario. A pesar de que era una tierra “contaminada” por el paganismo y la idolatría, era una tierra de la cual “fluía leche y miel” (Ex.3:8). Está claro que lo que había que transformar de la tierra no era la tierra física, sino la manera de habitarla para seguir disfrutando de las bendiciones que podía dar como frutos. De igual manera, nuestro espíritu (“tierra”) será el mismo, pero debemos cambiarlo o purificarlo con nuestra voluntad en cuanto a la manera de ser. Los tipos de tierra de la parábola también pueden ser etapas que puede vivir una persona, como el proceso de transformación de la tierra de Kenáan a tierra de Yisrael.

En algún momento de nuestra vida hemos tenido esos tipos malos de tierra. Es decir, cuando no entendíamos la Verdad de la Palabra de Yahwéh porque fuimos engañados por doctrinas extrañas y falsas. Por eso anduvimos por caminos donde la semilla no podía germinar, porque el maligno triunfaba arrebatando todo buen entendimiento. En otros casos, fuimos tierra con pedregales, cuando alguna palabra nos entusiasmaba; glorificábamos al Todopoderoso; nos emocionábamos por distintas enseñanzas; pero no veíamos el fruto de las buenas obras que da transitar por la Verdad de la Palabra de Yahwéh, ni aun cuando oíamos enseñanzas sin engaños y verdaderas. Y también hemos sido tierra con espinos, cuando dejábamos que las preocupaciones y los afanes de la vida nos dominaran; cuando lo material o carnal nos esclavizaba, desviándonos del camino verdadero, afectando y debilitando nuestra Fe. Por eso debíamos trabajar nuestra tierra, nuestro ser, así como Yisrael debía purificar su regalo, limpiándola de todo lo malo que había antes en aquella tierra.

La transformación también puede ser un proceso de la tierra donde debe caer la buena semilla, es decir, la verdadera Palabra de Yahwéh. ¿Cómo debemos llevar a cabo ese proceso? El secreto está en el nombre “Kenáan”. Habíamos dicho antes que la raíz hebrea de la palabra “Kenáan” es “kaná“, que significa doblegar, humillar, quebrantar, someter. Eso debe suceder con nuestro espíritu si queremos transformar correctamente nuestra “tierra”. Pensemos en lo siguiente: cuando físicamente se quiere sembrar en tierra fértil, primero debe ararse la tierra dura, romperla y quitarle cualquier maleza que haya en su interior. Pues, de no hacerlo, la cosecha no será buena. De la misma manera, debemos limpiar nuestra “tierra”, nuestro espíritu que depende de nuestra mente (Ef.4:22-24), porque ella es fuente de vida (Prov.4:23), quitándole todo conocimiento erróneo adquirido por costumbres; quitándole el ego arrogante que no permite a la humildad que le ayude a aprender la Verdad para conocer a Yahwéh; quitándole la obstinación de la mente que causa ceguera y necedad; quitándole la egolatría y todo pensamiento que impida la posibilidad de cambiar y mejorar como persona; quitándole la costumbre del arraigo a las cosas mundanas, carnales y materiales, que impiden un crecimiento espiritual. Porque en la mente está el desarrollo de nuestra vida. Como dijo el Mesías:

Porque de adentro, del corazón del hombre, proceden los malos pensamientos, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la blasfemia, la insolencia y la insensatez. Todas estas maldades proceden del interior y contaminan al hombre.Mar.7:21-23 (VIN)

Cuando actuamos con “kaná” pasamos por muchas duras pruebas, e incluso por errores o grandes pecados. Pero también nos quebrantamos ante el Todopoderoso pidiendo su Perdón y Guía, los que nos son dado gracias a su Hijo, nuestro Redentor Yahoshúa, el Mesías. Nos humillamos; lloramos por fallar a nuestro Padre; tocamos fondo sufriendo por nuestras desobediencias y desviaciones; quebrantamos nuestro espíritu para poder limpiarlo o purificarlo. Decimos como David:

Contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo malo ante tus ojos; [lo confieso] para que te reconozcan como justo en tu sentencia y exento de culpa en tu juicio. Mira que en maldad nací, pecador me concibió mi madre. Mira que Tú te deleitas en la sinceridad del corazón, y en mi interior me inculcas sabiduría. Purifícame con hisopo para que quede limpio; lávame hasta que quede más blanco que la nieve. Hazme oír noticias de gozo y alegría; que se regocijen los huesos que has quebrado. Aparta tu vista de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Elohim, una mente pura, y renueva un espíritu recto dentro de mí.Salm.51:4-10 (VIN)

Eso es experimentar simbólicamente “entrar a tierra de Kenáan”. Pero, porque fuimos llamados a ser pueblo de Yisrael, como remanente considerado “novia del Mesías”, vivimos con “kaná” para lograr la purificación y santificación de nuestro espíritu (“tierra”). Recordemos que, gracias al Mesías, somos “Templo de Yahwéh” (1Co.3:16; 1Co.6:19; 2Co.6:16; Ef.2:21), por eso debemos purificarnos en conjunto de cuerpo y espíritu, evitando cualquier tipo de profanación por malos actos, o erróneos conocimientos ante Yahwéh.

Entonces, a través de vivir con “kaná“, buscamos “conquistar” la tierra de “Kenáan”. Con “kaná” trabajamos nuestra Fe para quitarnos esos tres tipos de tierra que no permiten que nuestro espíritu sea “tierra fértil”, para que la Palabra de Yahwéh produzca verdadero buen fruto. Ese trabajo tiene como meta subyugar (kaná) nuestra voluntad de acuerdo a las enseñanzas del Todopoderoso, para vencer y cambiar el estado de “tierra de Kenáan” de nuestra vida, y transformarla en “Tierra de Yisrael”, haciendo así la Voluntad de Yahwéh, nuestro Creador y Padre.

Ahora bien, esta transformación no será posible sólo gracias a nuestros propios esfuerzos. Es necesario entender por qué debemos ser parte del pueblo de “Yisrael”. ¿Qué significaba Yisrael? En principio: quien “gobierna como poderoso celestial”. Pero este gobierno sólo es posible gracias a una Ayuda Celestial, que es el Espíritu de Yahwéh. Yaaqov pudo vencer al mensajero celestial porque tuvo ayuda del Todopoderoso, gracias a su Fe correcta y su confianza en Él. Yaaqov es nuestro ejemplo a seguir, ejemplo que fue perfeccionado con el Mesías y su experiencia terrenal. Yahoshúa, el Mesías, también vivió con “kaná“, no para limpiar sus pecados, sino los nuestros. Por eso está escrito:

Fue despreciado, desechado por los hombres; varón de sufrimientos, familiarizado con la enfermedad. Como uno que esconde su rostro de nosotros, fue menospreciado, y lo estimamos como nada. Sin embargo, eran nuestras enfermedades las que llevaba, nuestros sufrimientos los que soportó. Nosotros lo contamos como plagado, herido, afligido por Elohim. Pero él fue herido por nuestros pecados, molido por nuestras maldades. Llevó el castigo que nos restauró, y por sus heridas fuimos nosotros sanados.Isaías 53:3-5 (VIN)

Yahoshúa vivió con “kaná” para mostrarnos el Camino de purificación, imitándole. Porque si él sufrió, también sufriremos nosotros para transitar nuestra limpieza. Porque él nos adelantó (en Juan 16:33): “Les he hablado de estas cosas para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción, pero ¡tengan valor, yo he vencido al mundo!”.

El Mesías nos dijo que “en él” o “viviendo con el espíritu del Mesías”, podremos tener paz, aun experimentando aflicciones, para vencer al mundo (con todos sus problemas) gracias a su ayuda. Esa última declaración nos anima a buscar alcanzar ser tierra fértil, la Tierra de Yisrael. Luego de que el ejército del pueblo de Yisrael despojaba de los objetos a las naciones conquistadas en la tierra de Kenáan, debía cumplir un mandamiento de purificación de tales objetos. Esto se hacía de dos maneras: con fuego y con agua. Entre los objetos había muchos metales, como está escrito:

Elazar el sacerdote les dijo a las tropas que habían tomado parte en la pelea: “Esta es la ley ritual que Yahwéh le ha ordenado a Moshéh: oro, plata, cobre, hierro, estaño y plomo – todo artículo que resiste el fuego– estos los pasarán por fuego y serán puros, salvo que deban limpiarse con agua de purificación; y todo lo que no resista el fuego lo pasarán por agua.Núm.31:21-23 (VIN)

Esa era una purificación ritual para todos los objetos despojados. Fuego y agua se usaba para purificar. De aquí aprendemos algo importante. Esos objetos quedaban dentro del pueblo, pero purificados como parte de la transformación de la tierra. De la misma manera, las enseñanzas que recibimos cuando éramos “Tierra de Kenáan” (en nuestra ignorancia de verdades hebreas), son esos “objetos” que debemos purificar con la Verdad de la Palabra de Yahwéh. Y la purificación implica corregir conocimientos o eliminar los idólatras. Ahora, en cuanto a la purificación de la tierra viviendo con “kaná“, podemos recordar el siguiente pasaje:

Tú nos has probado, oh Elohim, nos has refinado como se refina la plata; nos metiste en la red, cargaste aflicción sobre nuestra espalda; hiciste subir hombres sobre nuestra cabeza, entramos en fuego y en aguas; pero al fin nos has dado respiro.Salm.66:10-12 (VIN)

El refinamiento del espíritu (“tierra”) se logra con las pruebas en la vida, y con el disciplinamiento de parte de nuestro Padre Yahwéh. Por ello debemos estar tranquilos y valientes cuando sufrimos pruebas, porque todo será para nuestro bien, tal como está escrito:

En esto ustedes se alegran, a pesar de que, por ahora, si es necesario, estén afligidos momentáneamente por diversas pruebas, para que la prueba de su fe –más preciosa que el oro que perece, aunque sea probado con fuego– se halle digna de alabanza, gloria y honra en la revelación de Yahoshúa el Mesías.1Pe.1:6-7 (VIN)

Esas aflicciones que pasamos en las pruebas son parte del proceso de purificación de nuestra “tierra”. Cuanto más probados somos, más alabanza tendremos cuando regrese nuestro Maestro, y más premio también. Un signo de madurez espiritual en la Fe es cuando llegamos a sentir paz y satisfacción, aun entre lágrimas y pesar, sabiendo que todo finalmente será para nuestro bien. Y esto lo dejó muy en claro el enviado a los gentiles Shaul (Pablo):

Así que, declarados justos por la fe, estamos en paz con Elohim por medio de nuestro Maestro Yahoshúa el Mashíaj. Por su medio también hemos obtenido acceso por la fe a este favor en el cual estamos firmes, y nos gloriamos en esperar la gloria de Elohim. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce perseverancia, y la perseverancia produce aprobación, y la aprobación produce esperanza. Y la esperanza no decepciona, porque el amor de Elohim se ha derramado en nuestros corazones gracias al espíritu de santidad que se nos ha dado.Rom.5:1-5 (VIN)

Las tribulaciones son el vivir con “kaná” para purificación de nuestro ser. El gran peligro es cuando uno no sufre pruebas, algo muy difícil en este mundo, o las sufre poco. Los sufrimientos llegan para fortalecer la Fe, esa es la intención de Yahwéh permitiéndolos. El problema es no entender esto y bajar los brazos perdiendo Fe. Poco a poco vamos purificando nuestra “tierra” para que pase a ser de “Kenáan” a “Tierra de Yisrael”.

Ahora bien, cuando ya hemos transitado un buen tiempo de purificación, con el cual creemos ser “Tierra de Yisrael”, debemos tener mucho cuidado con las impurezas que pueden aparecer por culpa del ego propio que, generalmente, suele envanecerse por adquirir nuevos conocimientos. Esto está reflejado con la historia de Qóraj, tal como está escrito:

Y salió un fuego de Yahwéh y consumió a los 250 hombres que ofrecían el incienso. Yahwéh le habló a Mosheh y le dijo: “Ordénale a Elazar hijo de Aharón el sacerdote que saque los incensarios de entre los restos del incendio –porque son consagrados–; y que esparza las brasas. Los incensarios de los que han pecado a costo de sus vidas deben ser convertidos en láminas martilladas para enchapar el altar –porque una vez que se han usado para ofrendas de Yahwéh, han quedado consagrados– y que sirvan de advertencia para el pueblo de Yisrael. Elazar el sacerdote tomó los incensarios de cobre que habían usado para ofrendas los que murieron en el fuego; y los martillaron hasta convertirlos en láminas para el altar, como le había ordenado Yahwéh mediante Mosheh. Habría de ser un recordatorio para los yisraelitas, de modo que ningún extraño –que no fuera del linaje de Aharón– se atreviera ofrecer incienso delante de Yahwéh y sufriera la suerte de Qóraj y su grupo.Núm.16:35-40 (VIN)

¿Qué puede simbolizar ese reciclado de los incensarios de los rebeldes y el recordatorio? Precisamente lo que dije antes. El ego de uno puede envanecerse queriendo siempre más y, aunque sea algo bueno, puede provocar transgredir órdenes, desafiar autoridades y, a veces, creer algo que está más allá de lo instruido por la Toráh, como seguir tradiciones humanas. Por ello debemos estar siempre atentos a aferrarnos a la humildad para eliminar cualquier idea extraña que pueda aparecernos.

Por otro lado, ese enchapado de los incensarios de pecadores en el altar también puede simbolizar la purificación de nuestro espíritu, a medida que va puliéndose al eliminar los errores que seguimos teniendo como “Tierra de Yisrael”. El “altar” actual es el lugar donde nos presentamos ante Yahwéh para orar y confesarle nuestros pecados, clamándole sinceramente perdón y ayuda para no volver a cometerlos. Es el compromiso firme para cambiar, para obedecerle con respeto ante su Presencia en todo lugar.

Conclusión:

El pueblo de Yisrael, al conquistar la Tierra Prometida a los Patriarcas, debió purificar la tierra quitando siete naciones paganas y todo lo que tenía que ver con idolatría o contrario a los mandamientos de Yahwéh. Antes de llegar Yisrael era Tierra de Kenáan, y se transformó en Tierra de Yisrael. Esa purificación debe ocurrir con el espíritu que van encontrando la Verdad de la Sabiduría Hebrea, al mismo tiempo que lo va haciendo fértil para dar buenos frutos según la Voluntad de Yahwéh. Pero ese largo proceso de purificación requiere pasar muchas pruebas y sufrimientos que fortalecerán la Fe. Para ello tenemos el ejemplo del Mesías, tal como está escrito (1Pe.4:1-2, VIN): “Así que, ya que el Mesías ha padecido en la carne, ármense ustedes también con la misma actitud. Porque el que ha padecido en la carne ha roto con el pecado, para vivir el tiempo que le queda en la carne, no en las pasiones humanas, sino en la voluntad divina.”. Los sufrimientos nos ayudan a depurar los pecados, a mantenernos humildes, y a dejar poco a poco de hacer nuestra voluntad, para hacer más la Voluntad de nuestro Padre celestial.

Las tres grandes fiestas de peregrinación a Jerusalem ordenadas en la Torah son Pésaj, Shavuot y Sukkot. Son fiestas que tenían relación con la agricultura, obviamente, trabajando la tierra. En Sukkot se celebraba con gozo por la gran bendición de la provisión de Yahwéh al Pueblo de Yisrael. Esto nos da una idea del trabajo que debía hacerse, años tras años, con el espíritu de cada uno por ser parte del pueblo que debía ser santo, como Yahwéh era Santo. Debía purificarse diferenciándose de las naciones gentiles que no hacían la Voluntad de Yahwéh. Lamentablemente, también Yisrael ha caído con el tiempo en rebeldía y se distanció del Todopoderoso. Eso también podría pasarnos a nosotros si no tomamos en serio el lugar que ocupamos como pueblo de Yisrael gracias al Mesías, o despreciamos su preciosa sangre derramada para el perdón de nuestros pecados. En Yom Kippur tomamos conciencia de esa seriedad y recapacitamos en lo importante que somos para nuestro Padre Yahwéh, que espera nuestro respeto total a Él, imitando a su Hijo amado Yahoshúa. Y en los días de Sukkot podemos gozarnos por la gran bendición que nos toca vivir; por la elección que Yahwéh hizo por nosotros, por lo cual no debemos defraudarle, ya que nos regalará la vida eterna gracias al incomparable amor que nos dio a través de su Hijo. HalleluYAH!

Gavriel Manfredi

Colaborador y hermano en la fe de la Asamblea de Yahwéh Internacional.

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8 comentarios en “Transforma tu tierra

  1. Muy buen estudio hermano Gavri, en efecto para lograr esa purificacion, es necesario pasar por diferentes pruebas, para que todo lo que estorba en nuestra vida y que nos lleva a relacionarnos incorrectamente con Yahweh nuestro Padre y con nuestro projimo, sea quitado hasta que seamos limpios, hasta que seamos purificados y estemos preparados para ser ejad con el Padre y con nuestros semejantes, para pasar de ser tierra de “Kenáan” a “Tierra de Yisrael”.
    El proceso de purificacion va a ser tan corto o tan largo como lo sea nuestra obediencia al Eterno, cuanto mas pronto le obedezcamos mas rapido pasara la prueba, si nos obstinamos en desobedecer nosotros mismos prolongamos el tiempo de prueba o purificacion que siempre es dolorosa.

  2. Shalom hno. Gavriel. Un gran tema excelentemente expuesto… que seamos tierra de la que fluya leche y miel, verdaderamente Israel

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