¡Un aplauso para el Creador!

Por. Silvina Carrizo

Nunca dejes de mirarte como YAHWEH te mira.

Es habitual en Argentina, que un encuentro con familiares o amigos se realice con asado de por medio.

Le decimos asado a la carne, sobre todo con hueso, que se cocina con leña o con carbón. Cada asador tiene sus secretos para cocinar.

Cuando el asado está listo se saca en una tabla para llevarlo a la mesa.

Es en ese momento cuando alguno de los que van a comer convoca al resto de los comensales al grito de: ¡un aplauso para el asador!

E inmediatamente todos aplauden al tiempo que ovacionan al cocinero.  Este paso no tiene excusas, y no puede saltearse antes de disfrutar de la comida.

Esto se los cuento para que me entiendan lo que quiero contarles: cuando salí tempranito a la calle estaba vacía de movimiento y acá nomás, vi la montaña y el sol enorme asomando.

Tan hermoso ese sol que tuve que detenerme a mirar, y cuando ya estuvo totalmente afuera, por encima de las cumbres, continué mi marcha.

Para mi sorpresa, a las pocas cuadras de ir en dirección a la montaña, otra vez el sol queriendo asomar y volví a detenerme porque una vez más me vi conmocionada por el segundo amanecer.

Resultó tan perfecto aquello, el color de la mañana, el vapor que se levantaba desde el verde de las montañas, que me sentí impactada y me puse a aplaudir, exclamando: ¡Un aplauso para el Creador!

“Tus ojos vieron mis miembros en formación; estaban todos registrados en tu libro; a su debido tiempo se formaron, hasta el último de ellos.”[1] 

Todo, absolutamente todo lo que nos rodea es extraordinario y generalmente nos resulta más fácil ver las maravillas del Creador en la naturaleza que en nosotras mismas.

Solemos ver la belleza en una flor, en un animal, en el cielo, pero nos cuesta reconocer la perfección en nosotras.

¿Por qué?

Pues porque sin quererlo nos llenamos de complejos al poner el modelo de la belleza en lo que la sociedad nos muestra como perfecto.

Sin embargo, cuando miramos la flor, la mariposa, la vemos perfecta en sí misma y no buscamos compararla con ninguna otra.

¿Acaso podría ser mejor? ¿Acaso le falta algo, o le sobra? Habitualmente nos quejamos de nuestros cuerpos que podrían ser más esbeltos o quizás más firmes.

Comparamos nuestros ojos con aquellos que vimos y anhelamos fuesen más grandes; quisiéramos haber tenido otro cabello quizás otra voz.

Pensando que así, quizás, fuésemos más valoradas, más amadas, sin reparar que no nos falta ni nos sobra nada para ser nosotras mismas.

Que no me falta ni me sobra nada a mí para ser yo, Silvina, y que tal como fuimos hechas somos perfectas y amadas por quien nos creó, y que reconociéndonos únicas y perfectas estamos amando a quien nos dio vida.

El sembrador de estrellas[2].

Esto me hizo recordar una escultura: El sembrador de estrellas. Es una escultura de bronce que muestra un hombre en actitud de sembrar. Lo interesante es que dicha escultura no se destaca en el entorno en el que se encuentra y no sobresale por su belleza.

Dicen, que durante el día uno puede pasar frente a ella y apenas reparar que está allí.

Pero sucede que hay que esperar a que oscurezca para disfrutar de esta obra, pues está iluminada de tal manera que la sombra se proyecta sobre la pared y allí se encuentra el secreto de su belleza.

Por eso recordé esta escultura, porque suele suceder que no nos miramos como debiéramos.

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; también ha puesto eternidad en el corazón de ellos, de modo que el hombre no alcanza a comprender la obra que ha‘Elohim ha hecho desde el principio hasta el fin.”[3]

Todo lo creado por nuestro Elohim a nuestro alrededor es perfecto, sobre todo el hombre, a quien creó a imagen suya.

¿Podemos estar a disgusto con Su Creación? ¿Cómo es entonces que podemos no gustarnos?

Todo, nosotras incluidas, tenemos en nuestro diseño el ADN de nuestro Creador. 

Somos hechura de sus manos, pero solemos olvidarlo y entonces no disfrutamos de nuestros cuerpos tal como son.

Cuando esto sucede es porque nos estamos mirando como no debiéramos, equivocando el momento como a aquella escultura en Lituania ya que nos miramos con la luz del mundo y los modelos que allí se presentan.

Pero si nos paramos frente a la luz del Creador, entonces nos veremos certeramente pues fuimos hechas para reflejar su luz y entonces, nuestra verdadera belleza florece.

La luna es apreciada cuando refleja la luz del sol, y ¡apenas recibe entre un 3 y un 12 por ciento de dicha luz!

Imaginen cuán bellas podremos vernos a medida que más nos dejemos iluminar y tendremos la certeza de la obra de arte única, irreproducible que somos cada una y viviremos aplaudiendo al Creador, agradecidas.

No dejes de mirarte como Yahwéh te mira.


[1] Salmo 139:16

[2] Escultura ubicada en la ciudad de Kaunas, Lituania. La obra es del escultor Bernardas Bučas (1903-1979) y está inspirada en un óleo Grohar llamada «Sejalec» o «El sembrador» basada en la fotografía de un labrador en 1906. En 2008 recibió la intervención del artista urbano Mofai, que completa la obra otorgándole el valor artístico por la que pasa a ser reconocida: “El sembrador de estrellas.”

[3] Eclesiastés 3:11

Mujeres Ayin
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5 comentarios en «¡Un aplauso para el Creador!»

  1. Estimada hermana Silvina
    Shalom,
    Muy apreciables tus observaciones, cuanto de belleza hay en todo lo que Elohim ha creado, incluindo la corona de Su creación que somos nosotros.
    Gracias por nos recordar que a cada amanecer deberíamos aplaudi-lo con un espíritu de adoración.
    Bendiciones Silvina

  2. Amén, Sivina. Somos hermosos, somos perfectos, somos su obra, somos sus hijos. Bendito es él, en el Nombre sobre todo nombre Yahoshua nuestro mesías. Gracias hermana

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