VISTÁMONOS DE LA ARMADURA DE ELOHIM.

Por: Héctor Martínez

Esta exhortación tiene que ver con una recomendación que nos hace el enviado Shaúl (conocido también como Pablo), estoy seguro que la mayoría de nosotros, si no todos, hemos de una forma u otra meditado acerca de la misma en algún momento de nuestras vidas:

“Vístanse de toda la armadura de Elohim, para que puedan hacer frente a las intrigas del Acusador…” [1]

La lucha interna

Una vez somos conscientes del propósito por el cual estamos en esta vida, que es amar a YHWH con todo nuestro ser y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, comenzamos a intentar encausar nuestra vida conforme a estos preceptos.

Pero no mucho después de iniciado tan noble propósito, nos damos cuenta del inmenso reto que representa dejar atrás el modo de vida del viejo hombre, puesto que conlleva un enfrentamiento con un adversario complicado: las propias pasiones.

“Cuando alguien se ve tentado no diga que Elohim lo tienta; porque a Elohim no lo tienta el mal, y él no tienta a nadie. Pero a cada uno le viene la tentación cuando su propia pasión lo arrastra y lo seduce. Luego la pasión, después de haber concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez que se lleva a cabo, engendra la muerte.”[2]

Acá comienza lo difícil del asunto: la lucha constante contra nosotros mismos, contra las pasiones que subyacen en nuestros cuerpos decadentes.

Los dardos de fuego

Sumado a ello, sabemos que existe todo un conglomerado de seres poderosos cuyo propósito es confrontarnos a cada instante con esas pasiones que están latentes en nuestro ser, esa raíz del mal que todos llevamos.

“…porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales”[3]

¿Son nuestras propias pasiones las que nos tientan? Así es. Pero entonces ¿no es nuestra lucha contra los gobernantes de las tinieblas? También es cierto, ya que estos seres conocen las pasiones humanas y pueden forzar situaciones que nos confronten a dichas pasiones para hacernos tropezar.

Una armadura infalible

“Por esta razón, tomen toda la armadura de Elohim, para que puedan resistir en el día malo, y después de haberlo logrado todo, quedar firmes. Así que permanezcan firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, vestidos con la coraza de justicia y calzados sus pies con la preparación para proclamar la Buena Noticia de paz. Y, sobre todo, ármense con el escudo de la fe con que podrán apagar todos los dardos de fuego del maligno. Tomen también el casco de la salvación y la espada del espíritu, que es la palabra de Elohim”[4]

¿Podemos tomar estas palabras de forma literal? Por supuesto que sí, como se verá en el siguiente desglose de las mismas. En ellas se hace un paralelismo exacto con lo que son las partes esenciales de una armadura de guerra de la época en la que fue escrita la epístola del enviado Shaúl. Las nombraré en el mismo orden que está en la porción de la Escritura aludida para mantener la misma secuencia:

  • El cinturón y la coraza: estos componentes de la armadura resguardaban el torso, el vientre y la espalda del guerrero, el tronco del cuerpo humano, donde entre otros órganos no menos principales se aloja el corazón. La Palabra asocia al cinturón y a la coraza con “la verdad y la justicia” respectivamente, ambas, atributos incuestionables del Mashíaj Yahoshúa, la Toráh viviente que reemplazó el corazón de piedra por el corazón de carne, según la inspiración recibida por el profeta Yejezqel (36:26). Tener al Mashíaj en nuestro corazón es tener sus enseñanzas y ponerlas en práctica, tal como él mismo lo advirtió: “si me aman, guardarán mis mandamientos”[5]. Y por supuesto, sus mandamientos son los mandamientos del Padre. Así que hermanos, con el conocimiento de la Toráh y poniéndola por obra con la fe en el Mashíaj, tenemos el cinturón y la coraza.
  • El calzado: pieza fundamental que protegía los pies y las piernas, otorgaba al guerrero la agilidad de movimientos requerida en batalla. Caracterizado en la Palabra como la proclamación de la Buena Noticia, la cual nos permite avanzar con la firmeza y la agilidad necesarias en el campo de la lucha diaria. El conocimiento y difusión de la Buena Noticia nos apuntala en nuestra posición y no deja que retrocedamos ante el empuje del adversario, sino que permanentemente afianza nuestros pasos en la senda de la victoria.
  • El escudo: era la pieza que, con la destreza y habilidad del guerrero, debía ser el principal receptor de los ataques más fuertes, por tanto protegía el resto de los componentes de la armadura. Y es que la fe, caracterizada por la Palabra como el escudo, es el baluarte de lo demás: sin la fe que nos da la certeza de lo que hemos creído sin haberlo presenciado, la justicia y la verdad (que como recordaremos son la coraza y el cinturón), la Buena Noticia (que es el calzado) junto con el resto de los elementos, quedan expuestos y en grave riesgo de ser dañados de manera irremediable. Nuestra fe es el escudo que nos ayuda a soportar los dardos del maligno: afanes, tribulaciones, dudas de nuestro día a día para que, al final del mismo, la justicia y la verdad que están en nuestro corazón permanezcan intactas.
  • El casco y la espada. La protección de la zona donde residen el pensamiento, la vista y el oído era fundamental para todo guerrero, por lo que a una buena armadura no debía faltarle el casco. Mientras que, para llevar la ofensiva en la lucha, se requería de un arma fuerte y a la vez ligera: la espada. El casco protegía la cabeza, de donde proviene el entendimiento y se dirige el ataque, el cual se ejecutaba por medio de la espada. Hermanos, qué mejor alusión a la Palabra de Yahwéh, la cual: “es viva y eficaz, más penetrante que cualquier espada de dos filos” y “penetra hasta tocar los sentimientos y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones de la mente”[6].

Es por medio de la Palabra que atacamos y destrozamos todo razonamiento equivocado promovido por los espíritus inicuos en las doctrinas de error y toda enseñanza desviada que difunden por intermedio de sus agentes en la tierra.

En conclusión, la armadura es un todo, la falta de alguno de los accesorios mencionados definitivamente nos pone en desventaja en la batalla, con el consiguiente riesgo a la vida que ello significa. Por ello, vistámonos de toda la armadura de Elohim, para que podamos hacer frente a las intrigas del acusador.

“…orando en todo tiempo en el espíritu con toda oración y ruego, vigilando con toda perseverancia y ruego por todos los consagrados.”[7]

Respecto a esta última cita, tengamos presente que somos soldados en esta guerra que sólo culminará con la venida del Reino de YaHWéH a la tierra. Por tanto, como compañeros de lucha, cuidémonos también unos a otros.

Si ves que parte de la armadura de tu compañero está fallando y está en riesgo, avísale con tiempo para que tome los recaudos necesarios. Él no debería molestarse sino que te estará por siempre agradecido y tú ganarás a tu hermano, lo que indudablemente te será contado como justicia allá en lo Alto.


[1] Ef.6:11

[2] Yaaqov – Stg.1:13,15

[3] Ef.6:12

[4] Ef.6:13,17 

[5] Jn.14:15

[6] Heb.4:12

[7] Ef.6:18

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