YOKHÉBED

Por: Francy González

Hablar de Yokhébed es descubrir una serie de acontecimientos que marcaron la historia no solamente del pueblo de Yisrael, sino también del mundo.

Yokhébed era descendiente de Lewí. Ella nació en Mitsráyim.

No sabemos si nació antes de que el pueblo de Yisrael fuese sometido a la esclavitud o durante la misma.

Lo que, si podemos deducir, era que de alguna manera sabía de la dura vida que se llegó a experimentar en aquella época.

Se casó con Amram, su sobrino. Tuvo tres hijos: Myriam, Aarón y Moshéh.[1]

Cuando estaba por cumplirse el tiempo del nacimiento de su bebé, salió el nuevo rey de Mitsráyim declarando que temía que el pueblo de Yisrael siguiera aumentando y se volviera tan numeroso que pudiera aliarse con sus enemigos, atacarlos y abandonar su país.

Así que aumentó el trabajo forzoso sobre Yisrael para que edificaran ciudades y diversas labores que les hacían la vida amarga con trabajos duros.

“Pero mientras más los oprimían más aumentaban y se esparcían, de modo que [los mitsritas] llegaron a temer a los yisraelitas.”[2]

Es entonces cuando aparecen en escena dos mujeres yisraelitas, dignas de destacar en esta historia, por lo valientes y temerosas al Altísimo.

Dos comadronas que asistían a las mujeres yisraelitas al momento del parto. A Shifrah y a Puah les ordenó el rey que mataran a los varones que nacieran y dejaran vivas a las niñas.

Sin embargo, “las comadronas, por respeto a ha’Elohim, no hicieron lo que el rey de Mitsráyim les había dicho; dejaban vivir a los varoncitos.”[3]

Cuando el rey se dio cuenta de que había varones recién nacidos en las casas de los yisraelitas, le reclamó a Shifrah y a Puah.

Ellas dieron una excusa para salvar sus vidas y seguir preservando la vida de estos pequeños. Por haber actuado con respeto a Elohim, Yahwéh las trató bien y les levantó familias.

Los días del alumbramiento de Yokhébed se acercaban y con su proximidad, aumentaba la incertidumbre preguntándose si iba a ser niña o niño.

La Madre Del Futuro Libertador

Cuando por fin pudo conocer el rostro de su bebé, se dio cuenta de que se trataba de un varón y “… vio cuán hermoso era…”[4] Llama la atención esta forma de expresarse de una madre al ver a su recién nacido: cuán hermoso era.

Se puede decir que, para una buena madre, no hay hijo que no sea hermoso, sin embargo, cuando se menciona esta característica nuevamente en el libro de Hechos: “En ese tiempo nació Mosheh, y era sumamente hermoso. Lo criaron durante tres meses en la casa de su padre” hace pensar que se trataba de algo más que su belleza física.[5]

Otras versiones de Las Sagradas Escrituras se expresan así:

(RV1569) En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre.

(Spanish LBLA) Fue por ese tiempo que Moisés nació. Era hermoso a la vista de Dios, y fue criado por tres meses en la casa de su padre.

(NT Peshitta-ES) En aquel tiempo nació Moisés, quien, siendo favorecido por Dios, fue criado tres meses en la casa de su padre,

(NBJ) En esta[1] coyuntura nació Moisés, que era hermoso a los ojos[2] de Dios, que durante tres meses fue criado en la casa de su padre;

Según esta descripción, es posible que Yokhébed haya percibido que se trataba de un niño especial, apartado para la obra de Elohim.

Así que se propuso mantenerlo en secreto de alguna manera ingeniosa, siendo criado con sumo cuidado.

Cuánta dedicación tuvo que haber tenido esta madre para que el natural llanto del bebé no fuese escuchado por los vecinos.

Una madre que estaría puntual a sus horas de alimentación, velando sus sueños, tejiendo cada una de sus comodidades, atenta a sus sonrisas y vigilando cualquier malestar.

Seguramente no era nada sencillo, el bebé crecía y sabía que tarde o temprano la descubrirían.

“Cuando ya no lo podía ocultar más, consiguió una canasta de mimbre para él y la selló con asfalto y brea.”[6]

Parece que ella no ignoraba la utilidad de la brea y del asfalto para impermeabilizar, es posible que tuviera estos materiales al alcance de su mano debido a la posibilidad de que fuesen usados para hacer ladrillos en el trabajo comandado por el rey.

La primera vez que se menciona la brea para impermeabilizar un barco fue en Gn.6:14, cuando Yahwéh mandó a Noah a construir el arca. Luego se menciona al asfalto en Gn.11:3, cuando usaron los ladrillos en la construcción de la torre de Bavel. 

Salvando Al Pequeño Salvador

El relato bíblico continúa diciéndonos que ella colocó la canasta entre los juncos a la ribera del Río.

Algunas versiones de las Sagradas Escrituras mencionan el nombre de este río, dicen que era el río Nilo.

Este río, además de su importancia para el suministro de la pesca, también era una arteria importante de navegación y, por lo que vemos en este relato, era usado también por la hija del Paroh (Faraón) para bañarse, mientras sus doncellas caminaban a lo largo del mismo.

Fue desde ahí donde la hija del Paroh divisó la canasta.

La hermana del bebé, Myriam, es otra joven dama digna de admirar por su dedicación en vigilar al bebé en su recorrido por el Río, “para ver qué le pasaría” y por su oportuna idea de llamar a la misma madre del niño para que se encargara de él.

Es curioso darse cuenta de la cercana presencia de ella en medio de la corte de la hija del Paroh, cuando le ofreció a la princesa buscar una niñera hebrea que amamantara y criara al bebé rescatado de las aguas, ¡a Moshéh!

No sería descabellado pensar que formaba parte de esas doncellas que se paseaban por la ribera mientras la princesa se bañaba.

De Nuevo En Sus Brazos

La hilaridad de los acontecimientos acaecidos desde que Yokhébed colocó a su bebé en el Río, hasta llegar a tenerlo de nuevo en sus brazos y en su casa para seguirlo amamantando, no deja de ser admirable.

Digno de reconocimiento de un gran plan ejecutado por personas inteligentes, con mucha fe y que estaban siendo guiadas por un Ser Supremo, como lo es Yahwéh nuestro Elohim.

El Río seguía el recorrido natural de su cauce,

¿a dónde iría a parar esa canasta si hubiese sido tirada sin propósito alguno?

¿Si hubiese sido echado a andar en una hora diferente en que la princesa solía salir a bañarse al Río?

¿Y si ella hubiese cambiado de planes ese día?

¿Si el bebé hubiese sido encontrado por tantos que deseaban su muerte?

Podría seguir imaginando tantos otros inconvenientes sin la intervención divina.

Yokhébed no termina de impresionarnos, cuando al final de este relato nos sorprende cumpliendo su palabra a la hija del Paroh: cuando el niño creció, se lo llevó y la princesa lo hizo su hijo.

No en vano se ganó su puesto en la honorable lista de los hombres y mujeres de fe, destacados en el libro de Hebreos capítulo 11:

Por la fe los padres de Mosheh, cuando nació, lo escondieron durante tres meses, porque vieron que era un niño hermoso y porque no temieron al mandamiento del rey.[7]


[1] Nm.26:58

[2] Éx.1:12

[3] Éx.1:17

[4] Éx.2:2

[5] Hc.7:20

[6] Éx.2:3

[7] Heb.11:23

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